(03/52) Spoiler Alert: Up in the Air

Abril Castillo
4 min readJan 27, 2023

Recuerdo la última vez que estuve en casa de mis abuelos. Pensé que la vaciarían y la venderían, pero con el tiempo se volvió casa de la abuela, luego casa de Pepe, mi tío. Ese día en la azotea o terraza, vi desde arriba los coches estacionados en la entrada, sobresaliéndose de tantos que eran, invadiendo parte del paso. Mi abuela no quiso hacer funeral y algunas personas llegaron a su casa el día que fuimos a dejar las cenizas. Mi mamá decía que era para que no se le apareciera una ex u otra familia alterna. No sé si de broma. No me imagino a mi abuelo teniendo otra familia.

En Up in the Air, George Clooney se dedica a despedir gente. Quiere juntar tantas millas que simbólicamente haya recorrido la distancia de la Tierra a la Luna. Viaja por todo Estados Unidos despidiendo gente y en eso entra una trabajadora más joven, Anna Kendrick, que quiere revolucionar la manera en qeu hacen el trabajo y quiere que sea por videollamada para que todos tengan que dejar de viajar. Esto impacta en Clooney por dos razones. La más obvia: ya no podrá viajar. La real: el contacto con la gente, cuerpo a cuerpo, aun sin tocarse, es una parte esencial del trabajo, en tanto que los están soltando al vacío. Esa contención emocional de tener a un otro enfrente es imposible conseguirla por videollamada.

Ante el silencio queda el olor del otro, su peso, su presencia del otro lado de la mesa. Pasa al fin que Clooney tenía razón y no. Prueban ambas cosas y cuando la chica joven despide a una mujer que jura saltar del puente (y lo hace de manera presencial), termina cumpliéndolo. El problema no era la videollamada o no, sino dedicarse a despedir a otros. Y qué hacía ella ahí, trabajando en eso; Anna Kendrick se da cuenta: solo tomó ese trabajo porque quería vivir en la misma ciudad que su novio. Luego del suicidio cumplido de la señora despedida, Kendrick renuncia.

A Clooney en cambio le gusta su trabajo. Hay una escena en que despide al de Whiplash, J.K. Simmons (en adelante le seguiré diciendo “Whiplash”). Whiplash dice que ya está viejo para encontrar otro trabajo. Se siente humillado, qué le dirá a sus hijos, éstos ya no lo van a respetar. Clooney le dice que no cree que sus hijos realmente lo respeten y luego le pregunta: “¿De cuánto fue tu primer sueldo que te hizo renunciar a tus sueños?”. Saca su CV y le pregunta por su especialidad en artes culinarias, le señala cómo pagó sus estudios de universidad atendiendo mesas en un restaurante italiano. “Tú querías dedicarte a la cocina, no a esto; eso quizá sí haría orgulloso a alguien”.

En esa casa vacía de mi abuelo nada volvió a ser igual. Sentía esa orfandad aunque aún no la entendía. Pensaba que alguien ocuparía su lugar, el de mi abuelo. Y aunque mi tío, el menor de los hermanos, lo hizo de cierta forma, nunca nadie puede llenar el hueco de otro. Cuando perdemos al que nos cuida, la orfandad es para siempre.

Si yo fuera Whiplash y un Clooney me preguntara a qué renuncié, le diría que esto empezó en 2018. Dejé el proyecto de Iberoamérica Ilustra, del Ilustradero y de Oink. Se terminó el Cuarto para las 3 cuando una de mis socias se fue. Me pidieron el departamento donde vivía (o me subieron absurdamente la renta y tuve que irme). Se murió mi tío Héctor y me quedé sin fuerzas. Casi no tenía ganas de trabajar, de tener proyectos personales, de dibujar ni de nada. Cerré mis redes sociales y un día, yendo por cajas a pocos días de la mudanza, me encontré a Oscar, mi vecino. Olía su olor demasiado y era que traía su bolsa de ropa sucia. Al lado de la tienda a la que iba a pedir cajas vacías, estaba la lavandería, y Oscar me ofreció este trabajo que tengo a la fecha. Así empezó todo, así renuncié a ese sueño de ser escritora. Durante cuatro años he tenido un sueldo fijo y seguido instrucciones de qué hacer. La empresa creció desde entonces y ahora decrece.

El viernes pasado cerraron México y desapareció toda mi oficina. No me corrieron, quedamos unos cuantos flotando en el aire, up in the air. Y desde entonces, no sé por qué, me llega de golpe la muerte de mi abuelo, esa noche en que recibimos sus cenizas y las depositamos junto con las de mi tío. Ese momento en que me salí a la terraza yo sola a ver el cielo de noche. A fumar sin que nadie me viera. Salí de seguro para que mi mamá no me regañara, a esconderme y llorar sola.

¿Qué tienen que ver el perder potencialmente mi trabajo con el día en que entendí que se había muerto mi abuelo? ¿Cómo se relacionan y por qué están emplastados hoy?

Una carrera es un camino que se dibuja sobre la marcha y luego se va borrando. Como ese perro con doble escoba de Alicia en el País de las Maravillas. Acaba donde empezó.

Del punto a la línea al trayecto hasta volverse punto otra vez. Un círculo y desaparecer. ¿Qué estaba haciendo antes de que Oscar y este trabajo me salvaran?

Una maestría, una editorial, un taller. Dibujos, viajes y libros. Gracias a ese trabajo pude hacer por mí lo que hacía mi abuelo; me lo di a mí misma por un tiempo.

¿A dónde voy ahora? ¿Qué habrá terminado haciendo ese señor de Whiplash? Clooney al final sí logró juntar sus millas a la luna.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos