(05/52) Prohibida la línea

Cuando retomé la pintura por ahí de 2001, mi maestra me decía que empezaba a dibujar medio apretado cuando metía líneas y me prohibió usarlas. Me decía que construyera todo desde dentro, como bloques, para que la figura surgiera y no tratar de contenerla.

Debía usar pinceles de distintos tamaños, pero muchas veces terminaba usando el mismo. Me gustan los pinceles redondos porque son muy versátiles, como pincel chino, que dependiendo de si usas la punta o toda la superficie, puedes tener distintas calidades de línea.

Pintaba bodegones o hacíamos ejercicios de copiar pintores que nos gustaran. Copié a Camille Corot, a Paul Cézanne, a Lucien Freud. Pintar era un juego y no me empezó a traumar tanto hasta que empecé a ilustrar. Últimamente tengo un conflicto medio profundo con la ilustración en general. Prefiero dibujar.

Hace dos semanas empecé a tomar un taller con Inés de Antuñano, en este que es el penúltimo mes del estudio. Y eso también me tiene triste o conflictuada.

También voy atrasada dos semanas con este ejercicio de escribir. Y es quizá porque últimamente no quiero escribir ni decir cosas. Quiero estar callada y que se me deje en paz. Pero a la vez he empezado a decir cosas por otros medios. Como el cuerpo y la pintura.

Hacía mucho que no agarraba un pincel. Veo la obra de Inés y me reconforta y conmueve en muchos sentidos. Desde la primera vez que vi su trabajo, antes de conocerla, me remitía a algo muy espontáneo, infantil: instintivo y tan profundo a la vez. Construía ella con sus imágenes eso que conjunta forma, fondo y emoción. No sé cómo sus ilustraciones me hacían sentir eso. Eso que es sobre todo: alegría y ganas de pintar. De unirme al juego.

Supongo que al amistad se define también así. Las mejores emociones son las que te detonan seguir vivo y hacer más cosas. Jugar juntos.

Ayer me la pasé pintando. Y me di cuenta de que mientras dibujo o pinto, me río. Cuando no estoy haciendo “ilustración” me la paso increíble. Puedo platicar con otros, oír música, habitar mi cuerpo sin la angustia que me genera estar frente la computadora.

Cuando empecé a “ilustrar” me decían que mis dibujos eran pinturas pero no ilustraciones. No lo entendía del todo en el momento. Luego lo comprendí un poco. Otra vez, hoy 10 de febrero, lo vuelvo a dudar.

Sigo sin saber exactamente cuál es la diferencia. Pero qué importa.

Y los últimos años no he hecho más que dibujar a línea. Cuando no podía, lo hacía por rebeldía. Ahora que ya nunca pinto, me rebelo también y aunque sea o no ilustración, a quién le importa más que a mí cómo lo hago.

Ya me voy a desayunar, a despejar esta mesa y a pintar un rato, que es domingo. Ya casi es medio día y no quiero que me agarre el lunes de malas. O de peores.

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miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos

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Abril Castillo

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