(06/52) Holiday

Abril Castillo
4 min readFeb 2, 2021

Hoy es 1º de febrero y en México fue feriado. Desde hace años pasan los días feriados al lunes más cercano, previo, para que no se hagan puentes más largos. En este caso fue un poco absurdo, porque el verdadero feriado que es el 5 de febrero, día de la Constitución, caerá en viernes. Daniela, mi mejor amiga de la infancia, cumple años el 4 de febrero. Nos gustaba de festejarla que al día siguiente nunca había clases. Hacíamos pijamadas o más grandes, nos íbamos de fin de semana a Valle de Bravo, a una casa que tenía su hermano en la carretera hacia ese lugar.

Ayer escribí un post y todavía es la semana 5, pero como hoy lo tuve libre, siento en este domingo repetido las ganas de escribir más. Y sobre todo porque hoy fue un día lleno de acciones. Muy sutiles, pero analizado desde el psicoanálisis o la narrativa, digamos que ya pasé de la conciencia al acto y me siento un poco diferente. Últimamente eso me pasa cuando muevo muebles, pero hoy además, hice ejercicio, me aguanté comentarios innecesarios y tiré bastantes cosas: ropa, persianas, papeles. Fotografié una decena de dibujos de la infancia, barrí la casa y, sobre todo, volví a tocar todas las pertenencias que había llevado a Panamá. Aunque había traído desde marzo del año pasado todos los muebles y más o menos ya habían quedado ordenados, todavía quedaban dos maletas que no me había animado a abrir. Todas contenían libros y materiales de dibujo. Hace unos meses puse a la venta dos de los libreros que teníamos en ese estudio del centro histórico, también dos cajoneras. Llevo semanas editando mi casa, deshaciéndome de cosas que más que ayudar estorban. Y mi percepción de lo que necesito cambia todo el tiempo. En diciembre puse a la venta esos dos libreros negros, las dos cajoneras y un roperito. Se vendieron las dos cajoneras, vinieron por ellas hace una semana; y sólo un librero. Decidí quedarme con el roperito porque se ha vuelto el refugio de Aparicio. Lo acostumbré hace tiempo a subirse a comer ahí, para que haga algo de ejercicio; y no sólo come ahí, sino que le gusta quedarse ahí, con esa vista panóptica del departamento, como el palomo que es en el fondo, le encantan las alturas, gorjea sus saludos cuando paso y ahí se está todo el día aunque no quede más comida hasta la noche.

Hoy vinieron por el librero. No había entrado a ese cuarto hace tiempo. Le rento un cuarto a Santiago que tiene el departamento de enfrente del nuestro acondicionado como su estudio. Un cuarto libre que me rentó cuando cerramos Panamá, para que guardara ahí todas las cosas de las que aún no me quiero deshacer. Traté de acondicionarlo como un segundo estudio, pero poco a poco y de manera natural se terminó volviendo una bodega. Hoy que se llevaron ese librero, decidí ya no vender los otros dos. Sin darme cuenta, me puse en un flujo inconsciente a ordenar. Puse los dos libreros juntos, reacomodé los libros, guardé en el closet los papeles y cuadros y portaláminas. Y cuando me di cuenta, estaba abriendo las maletas. Comencé a poner las cosas en su lugar; en ese lugar que tenían en Panamá. Fui sintiendo un dolor muy parecido a cuando alguien se te muere y te ves ahí viva tú todavía, sabiendo que le otre nunca va a regresar. Ordenando los acrílicos y pinceles y plumones y libros repetidos de mi editorial pasada y futura me solté llorando. Durante dos horas todo fue tomando un nuevo lugar.

Lo último fue un rehilete de papeles que Idalia y yo pusimos pegado a la pared con una chinche. Yo le decía a la rata que ese era nuestro reloj: el sol de Panamá. Y me di cuenta de lo calientito que es ese cuarto al que nunca voy. Y cuando quedó listo, me paré en el marco de la puerta y decidí llevarme una mesita que acá en la casa no acaba de agarrar su sitio. Y pensé llenarlo de plantas que ahí sí se darían muy bien. Y pensé en ir a dibujar algunos días ahí.

Luego dio la hora de comer. Todo ese tiempo Santiago preparó un arroz salvaje que odia hacer porque tarda siglos, y un pollo con verduras y piña estilo chino. Dieron las cuatro y nos vinimos al departamento de enfrente, a nuestra casa, a comer. Y le dije del calor de la tarde, y que con razón él siempre estaba de buenas. Y él me dijo que no siempre, que no siempre está de buenas ni siempre hace tanto calor; me dijo que hoy fue un buen día. Y es cierto.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos