(08/52) Calico Skies

Llevo seis meses buscando casa y no he encontrado. Busqué en mi colonia, en colonias cercanas, en la misma delegación, en la delegación donde crecí, en la colonia donde aún vive mi mamá, en la cerrada donde viven mi hermano y cuñada, en mi cuadra, en la ciudad donde nací, en la ciudad a la que más he ido últimamente, consideré vivir en otras ciudades más de mi país y en ciudades de otro país también. Vivir en otro país podría haber implicado no vivir con mis gatos y eso fue lo que más me estresó. Empecé a dibujar retratos de familias con mascotas y eso es lo que más me desestresa. Llevo el mismo tiempo buscando estudio. En el ínter consideré tener un nombre de resta, tres menos uno: dos, pero no me gustó la idea. Me duele ya no volver a ser esas tres pero seguí buscando un espacio porque no quiero quedarme en la nada, no esta nada. Esta mañana decidí, como quien ya decidió todo desde el principio, pero hasta que no lo dice en voz alta no se echa a andar en efecto en el mundo, decidí quedarme en mi casa. No tiene sentido irme a un lugar más pequeño, peor ubicado y más caro. Donde no admiten mascotas y éstas tienen que ser un fantasma, un secreto, una omisión. Aquí pago una absurda cuota de mascotas, pero la pago con gusto. Pago en honor a la verdad. A estar aquí con todas las de la ley. Habito mi casa, ya a casi diez años de haber llegado aquí un día con la misma falta de certezas con las que me despierto siempre, con la misma resistencia a irme de la casa anterior, pero con la misma necesidad con la que que ahora dejo mi estudio, lugares ambos con bombas contrarreloj a punto de desaparecer: salta a otro o desaparece junto con la nada. Vine a este edificio buscando otra casa, una oscura y pequeña que pudiera pagar. Araceli, la portera de ese entonces del edificio, me dijo que había algo que no le había enseñado aún a nadie, que se acababa de desocupar, y que me iba a gustar mucho. Abrió la puerta y vi de golpe el sol sobre un piso de madera y una frescura que me hizo querer quedarme. Sólo que este cuesta cinco mil, me dijo. No sabía nada de porcentajes de cuánto debes gastar en relación con lo que ganas, pero le dije: sí, me lo quedo.

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miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos

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Abril Castillo

Abril Castillo

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