(09/52) Spoiler Alert: El Día de la Marmota

Abril Castillo
4 min readMay 13, 2023

El viernes 13 de enero de 2023 a las 9:00 am en la Ciudad de México, 8:00 am en Los Ángeles y 4:00 pm en España, la empresa donde trabajaba decidió cerrar todas sus oficinas del mundo excepto la originaria. Casi cien personas en mi país perdieron su trabajo, y unos cuantos quedamos pendiendo de la tabla de Jack de Titanic, sin saber cuando moriríamos al fin. El fin llegó para mí esta madrugada, cuando me depositaron mi liquidación.

En los días, semanas, meses de en medio, todo se sintió como tiempo detenido. Cada día como el mismo día, atorada en un mundo digital absurdo donde desconocía cuánto tiempo más estaría allí, si tenía sentido hacer lo que me pedían y, con pleno conocimiento de que a mis jefes los correrían en un par de meses, uno de ellos me recomendó tomarlo como un descanso o residencia artística pagada, aprovechar lo más de eso. Solo que bajo esas circunstancias era imposible concentrarse.

Pasaba mis días conectada como siempre a slack, mail y whatsapp, esperando. En el ínter se cancelaron muchísimos cursos que llevaba meses planeando, igual que mis colegas curadores. Sin preguntarme cuál era más o menos conveniente, se jalaba el gatillo un día tras otro. Empecé a cocinar.

En febrero entré a la primera clase de cocina en el Claustro de Sor Juana. Una clase sobre hojas y tamales. Estar ahí parecía alejarme del absurdo de esperar a que me corrieran, el tiempo se activaba por momentos. Luego empecé en marzo el diplomado en cocina regional mexicana. Al menos los jueves por la tarde, el reloj seguía corriendo y yo volvía a aprender algo o a hacer algo que me entusiasmara.

El resto del tiempo cada vez odié más estar frente a la computadora y pasaba mis días jugando juegos de celular y viendo series y películas que me ayudaban a entender qué sentía.

En Groundhog Day, Phil Connors (interpretado por Bill Murray) es un meteorólogo que da las noticias para un canal local y es enviado durante el Día de la Marmota, un 2 de febrero, a cubrir la noticia del fin del invierno, al ver si en un pequeño pueblo de Pennsylvania, sale la marmota al fin de su guarida. Entonces empezará la primavera.

Lo acompañan Rita, su productora, y Larry, el camarógrafo. A causa del mal clima, deben pasar otra noche ahí. A ver si al día siguiente ha terminado el invierno. Pero el día siguiente nunca llega, porque Phil amanece cada día en el mismo día.

Vivir durante quién sabe cuánto tiempo el mismo día se vuelve tedioso, monótono, desesperante al grado de llevarlo al suicidio en múltiples ocasiones, pero también le da la oportunidad de mirar. Se aprende todos los pequeños eventos que ocurren en un día, buenos (como para poder robar dinero de una camioneta de valores) y malos (como para poder evitar todos los accidentes de los habitantes y que nadie muera ese día).

Cuando descubre que el tiempo es eterno, Phil decide empezar a aprender a tocar piano, se vuelve muy bueno. Y comienza a conocer a todas las personas del lugar, primero para aprovecharse de algunas, ligarse mujeres o recibir favores, pero pasado el tiempo sabe mucho de todos y del pueblo y de todos los personajes que él podría ser.

Su último proyecto es conquistar a Rita. Y no es el último porque él así lo decida. Ya ha llegado a conocer al pueblo entero como si se tratara de su propio cuerpo. No sé qué quiere decir la película con esto, si una vez que uno se conoce bien puede realmente amar. Lo que es cierto es que, conforme acepta su destino y que ese día lo es todo pero que el espacio y todo lo que contiene está entero por descubrirse, se vuelve cada vez una persona menos enojada y triste.

Pasan algunas citas y un día Rita al fin se ríe con él, se caen bien, pasa la noche en su cuarto esperando a que se reactive el tiempo. La memoria que solo guarda él, como si cualquier día pasado fuera solo un sueño suyo y de nadie más. Un mundo aislado del mundo excepto por los instantes que dura el mismo día.

Y al fin sucede. Llega la primavera.

A mí la reunión de despido me llegó el 19 de abril, a pocas horas de irme a Bogotá. Un viaje que esperaba con emoción pero a la vez me parecía irreal. Vivirlo así me hizo sentir que lo vivía con cada célula de mi cuerpo ardiendo. Volvía a estar viva ese día que al fin me habían matado de Domestika. Y de ahí podía ir a donde quisiera. El tiempo se había reiniciado.

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(La foto es de Iván, el conductor de Uber que me llevó del aeropuerto de Bogotá a mi hotel y que en los altos y tiempos muertos lee libros largos; en ese momento estaba leyendo Crimen y castigo de Dostoyevsky)

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos