(10/52) Spoiler Alert: Granizo

Abril Castillo
4 min readMay 14, 2023

Íbamos a salir de noche, pero empezó a llover. La comida se fue atrasando por un evento político en el patio que queda a unas pocas cuadras de casa de mi prima. Todo el día hubo sol y cuando caminábamos al final del mercado, se empezó a nublar al fin. Itzel me prestó una gorra y a mi mamá un sombrero. Compré tres aretes idénticos con forma de gotas de agua de jade, lapislázuli y esmeralda, un par para cada una. A mi mamá no le gustó el modelo y lo devolvió. Más abajo Itzel y yo compramos unos pantalones aguados, yo azules y ella grises. Al llegar a la casa me probé los míos y vi que no me quedaban, como Homero Simpson cuando se prueba los pantalones holgados y le quedan como legins, así me pasó en la cadera, así que se los regalé a Itzel. Pero antes, en esa segunda compra, dijimos que mi tita, nuestra tita, estaría orgullosa de habernos comprado todo igual. De niñas siempre nos regalaba las mismas cosas, como hermanas. A Iván y a Tomás también. Un suéter con tonos morados para Itzel y verdes para mí. Un peluche de pingüino para ella y un tigre para mi. Cuatro primos que crecimos como hermanos y que hasta yendo a la misma primaria nos trataban así. “Se cayó tu hermano en el patio”, le dijeron una vez a Itzel, y ella: “¿Que le pasó a Iván?”. “No, no Ivan, el otro, el más chiquito, Tomás”. Al final nos encontramos unas blusas muy bonitas y las tres nos compramos una con diferentes tonos. Mi tita estaría orgullosa porque ésas sí las conservamos las tres; mi mamá también era una hija para mi tita aunque no es su mamá de panza.

De empezar el mercado derritiéndome de calor a tomar una michelada a medio camino, a terminar el mercado con el cielo cerrándose. Antes fuimos a un convento y tenía retretes de piedra. Una tienda de Educal, y el vestigio de unas mesas que alguna vez tuvieron sombrilla en forma de hoja pero ya no eran nada. Mi mamá busco unos aretes con forma de árbol de la vida por todo el mercado y no encontró. Pensó que se cansaría mucho con la caminata y el sol pero aguantó muy bien. Itzel le dijo que una amiga suya es joyera y que si le manda el diseño de su dije y las medidas, le puede hacer los aretes de plata –que ella imagina y ningún puesto tenía– para hacer juego con su collar.

Eran las tres y media y no dio tiempo de comer, prometimos esperar a que Itzel volviera de su evento. Llegó pasadas las seis justo cuando ya mi mamá estaba asando la cecina porque no aguantábamos el hambre. Hicimos una sobremesa larga, les conté por enésima vez sobre mi diplomado de cocina regional mexicana; contarles sobre eso se volvió un estribillo de broma: “No, no nos habías dicho que estás estudiando eso, cuéntanos más, ¿de que es?”. Les conté por último que cocinar me conecta con mi mamá y es el único espacio donde estoy con ella sin jamás pelear. Cuando las palabras se agotan queda la comida: prepararla, platicar sobre ella, intercambiar recetas, comer juntas. Itzel dijo algo parecido sobre su mamá, pero con el baile, la música o los masajes. Cuando la cabeza ya no hace sentido nos queda el cuerpo, concluimos.

El cielo se soltó como nunca en todo el viaje. Una tormenta con granizo inesperada. “Ya no vamos a salir”, propuso Itzel y estuve de acuerdo. Para la próxima. Ella recordó una película argentina donde sale Guillermo Francella, el mismo actor de la serie El encargado y la película El clan. En Granizo es un meteorólogo que un día se equivoca. (Sí, igual que Bill Murray en el Día de la Marmota, misma profesión.) Su error tiene consecuencias terribles en Buenos Aires: un perro muere, la ciudad colapsa, su fan número uno pierde su taxi. Cuando huye de la ciudad para refugiarse en casa de su hija comienza a diluirse la verdadera razón de su vocación: haber perdido a su esposa por un rayo un día de cielo despejado durante un paseo familiar. Ahora intenta con todas sus fuerzas recuperar la confianza de sus seguidores, siempre dejando a un lado a su hija y lo inmediato.

¿Es posible predecir el futuro?

Vimos la película con palomitas y tostadas y mucho vino. Al terminar ya no llovía y las tres al mismo tiempo nos fuimos a dormir. Mi tita estaría orgullosa.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos