(12/52) Un presente que arde

Abril Castillo
3 min readMar 19, 2020

Una vez un médico del deporte me dijo que mi pantorrilla seguía corriendo aunque ya estuviera en reposo. Que el músculo estaba tensado como al dar el salto corredor. Estaba acostada en el piso de su consultorio sobre un tapete de fomi. Imaginaba mi pierna corriendo, los músculos moviéndose, la sangre circulando. Como esos aparatos que dan toques en los músculos de la panza para emular que haces abdominales. Adentro de mi pierna había una fábrica a puertas cerradas, trabajando con velas, mientras el resto del mundo dormía. ¿Trabajando para qué?

Hace dos noches fui a urgencias. Ésa es una adicción que había sorteado por años. Tantos años que ni se cuántos. Me dolía la pierna igual que aquella lejana vez de estar corriendo en reposo. Sólo que esta vez tenía además hipertensión o más bien la presión muy alta.

¿Puede el corazón hacer lo mismo que la pierna, ser otra fábrica que abre a escondidas como materialización de una mente que no se calla?

Todos los estudios salieron perfectos. El cardiólogo de guardia me dijo que sí es posible tener la presión alta por estrés, y que en este caso la toma diaria no sirve para determinar la hipertensión. Solo tengo presión alta. Cálmate, me dijo con los ojos, cálmate y la presión se te va a bajar. Como si estuviera bajo mi control. Eso o nada.

A la mañana siguiente, decidí calmarme. Era domingo y me preparé de desayunar y buscando qué ver (una película para variarle a las series), encontré la de Gattaca. Era, igual que Mujercitas o Antes del amanecer, una película que veía muy seguido en los noventa.

La frase final de la película era mi favorita por años. Pero ayer, mientras la veía, anoté otra que nunca había subrayado. Para entenderla, hay que saber que es la historia de dos hermanos, en un futuro no tan lejano donde los niños comienzan a nacer casi exclusivamente por diseño genético. Un hermano nació por amor: Vincent; el otro fue confeccionado igual que el resto de esa humanidad: Anton.

Vincent, tiene muchos defectos, el principal: problemas graves del corazón. Su sueño es ir al espacio, pero con su condición, el mundo en el que vive, sus instituciones, jamás se lo permitirán. Los hermanos tienen un juego que juegan cada que van a la playa, consiste en empezar a nadar mar adentro hasta que alguno de los dos se acobarde y quiera volver. Siempre gana Anton, hasta el día en que se desmaya y Vincent lo salva y trae de regreso a la orilla.

[Spoiler Alert] La película trata de un impostor. Vincent compra la identidad de un hombre genéticamente diseñado que ha quedado en silla de ruedas para engañar al sistema y poder ir al espacio. Como se enhebra un buen cuento clásico, el hermano vuelve a aparecer en forma de detective: está investigando un asesinato y su hermano es sospechoso. Pero que sean hermanos lo sabemos hasta el final. A lo largo de esa segunda parte de la película, solo vemos a un impostor siendo perseguido por un policía. A un día de lanzarse al espacio, cuando se develan ambas identidades, Anton no logra entender cómo Vincent logró burlar a todos.

Los hermanos deciden revivir su viejo ritual en el mar. Anton está seguro de que Vincent parará, pero su hermano sigue y sigue y sigue nadando. Anton se detiene y le dice que deben volver, que si quiere que ambos mueran.

Y la frase que Vincent le responde en ese momento y también a destiempo a Anton, a esa pregunta dicha escenas atrás (¿cómo lo hiciste?).

You wanna know how I did it, Anton? This is how I did it: I never save anything for the swim back.

Vincent logra ir al espacio. Y mientras ve la Tierra de lejos, piensa en que si todos fuimos formados por polvo de estrellas, llegar al espacio no necesariamente quiere decir dejar su casa, quizá en cambio sea estar llegando a ella.

Irte, no volver, quemarlo todo. Vivir en un presente que arde.

Decidir tener o no una condición cardíaca parece que va más allá de la genética, de la identidad y de lo que quiero aceptar de mí misma. Todo sería cosa de pensar a dónde quiero llegar, y no detenerme hasta estar ahí. Aunque mi objetivo sea la nada, que a veces no es algo tan diferente a simplemente seguir viva.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos