(14/52) Magnavox

Abril Castillo
2 min readMay 19, 2019

Las imágenes no me duelen tanto como las palabras. Quiero callarme y solo ver fotos viejas. Tampoco quiero dibujar, creo. Ni escribir. Quisiera empezar a escribir como dibujar. Otro día será.

(En una caja de una vhs nueva, fue nueva en ese entonces, guardé desde los trece años todas las fotos que tomaba. Retrataba a mis vecinos, a los que me gustaban, a mis amigas, hasta a los que me caían mal. ¿Por que querría recordarlos a todos? Mi primera cámara era de esos rollos largos y tenía flash. Luego tuve una Sony creo que era, que me regalaron de navidad o de cumpleaños. Fotografiaba todo y luego me atravesaba a un lugar en Copilco donde las revelaban. Unas las guardaba en álbumes de fotos. Las restantes y los negativos, en esa caja de vhs. Dejé la caja por años en casa de mi mamá. Cuando me fui a vivir sola, solo me lleve los álbumes. El domingo pasado subí al que fue mi cuarto a sacar del que fue mi closet esa caja. En mi recuerdo era una caja de dvd. Pero no, era tan vieja que era de vhs. ¿En qué cajas guardarán los adolescentes hoy sus fotos? ¿Tendrán fotos físicas? ¿Serán tangibles sus recuerdos en el futuro? ¿En el nuestro? Encontré fotos de amigos vivos y amigos muertos. De familiares jóvenes, de otros que no están hace mucho o que se fueron hace dos meses. En esas fotos me concentré: un viaje a Ithaca, los seis primos, en el verano de 1997, dos meses después de que muriera mi abuelo. Fuimos a las cataratas del Niagara y mi papá y mi tío nos pidieron que nos sentáramos en escalerita de edades y, en vez de decir cheese, que le pintáramos huevos a la cámara).

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos