(17/52) Cinco minutos más

Abril Castillo
4 min readMay 11, 2021

Creo que después de muchos años aplicándolo quizá ha sido un error el método de Kramer para despertar cada día.

En un episodio de Seinfeld en el que se corre el maratón en Nueva York, Jerry y Elaine reciben a Jean-Paul, un maratonista que en su última competencia se quedó dormido y no llegó a la prueba. Hacen todo lo posible por evitar que eso pase esta vez. Jerry en su departamento pone miles de despertadores y aún así no se siente seguro. Se va con Jean-Paul a un hotel y termina discutiendo con la señorita del servicio de despertador y desconfía de que realmente los vayan a despertar.

Agobiado, termina por confiar en Kramer, quien durante todo el episodio asegura poder fijar una hora para despertarse y cumplirlo.

El día del evento, Jean-Paul y Jerry se despiertan solos y no saben qué hora es. Confundidos miran el reloj y se dan cuenta de que ya es demasiado tarde. Llega Kramer todo modorro y confundido, y cuando Jerry le reclama, Kramer le dice: “Perdón, es que apreté el botón de snooze”, que en español se traduciría quizá como cinco minutos más.

Por años practiqué esta técnica con buenas estadísticas de éxito, siempre y cuando tuviera que despertar a partir de las 7. O ya con luz. Si necesitaba despertar antes, como pasa cuando uno tiene que salir de viaje en un vuelo temprano, ahí sí ponía mi despertador a las 4:20am, por ejemplo, y aún así a veces lograba ganarle.

Ganarle al despertador implica en ocasiones perder el sueño.

Me acostumbré en general a vivir sin despertador. Odiaba su sonido y el hecho de que una melodía se vuelva amarga porque es lo que te saca del encantamiento que son los sueños.

Santiago ponía todos los días su despertador a las 7:30 u 8am, para no despertarse con él. En cambio, me despertaba yo, molesta lo apagaba, y le decía: Ya sonó. Como esos mecanismos de Querida encogí a los niños, que un botón libera una bola que le pega a una manivela que hace que un martillo caiga sobre otro botón y se tuesten unos panes y se sirva el cereal con leche.

Y casi siempre él me respondía que en realidad no se tenía que despertar aún y se volvía a domir. Yo casi nunca una vez que me despierto me puedo volver a domir.

El despertador del ticher me despertaba a mí y al final no había un desayuno servido solo, sino un durmiente que nada lo perturba y una insomne crónica que empezó así, siendo despertada cuando no debía pero no por otros, sino por su propia conciencia. Así que heredaba su tiempo de despertar y pasaba enojada el resto de la mañana, y con sueño.

En esa misma época le pedí que por favor no pusiera su despertador. Pero a veces lo olvidaba. Llevaba ya tan mala racha de sueño que hubo varios días que le pedí que se quedara dormir en su casa-estudio, y esas noches dormía más y mejor y me reponía para el resto de la semana.

Los despertadores despiertan pero también la ansiedad de alguna junta de trabajo que viene mañana, el vino tinto y la certeza de que por haber nacido a las 4:20am algo jala a mis ojos a abrirse justo a esa hora.

El vino de noche ayuda a dormir. También el cansancio extremo, la pregabalina, la valeriana, el Tafil, el stylnox. Y alguna calma mental que claramente no tengo.

Las noches que puedo dormir de corrido, que cierro los ojos de noche y los abro de día, se sienten como un acto de magia. Esos donde sueño cosas, una tras otra, que me dejan pensando el resto del día. Y quizá me angustien en parte pero en gran medida algo reparan. Como tocar la bas, la orilla de la alberca o salir del mar y pisar la arena.

Hoy fue una de esas noches. Me despertaron las ganas de orinar y cuando vi el reloj eran las 6:54am. Así como Lisa consigue pasar todo un día sin llamar a la línea de Corey, yo hoy logré transitar de la noche hacia el día.

El endocrinólogo me sugirió el viernes que sí me tome la pregabalina que yo había estado evadiendo porque no quiero dejar de tomar vino antes de dormir. Ah, con que me saliste teporochita, me dijo. Y yo me reí. Tómatela igual, me sugirió. Y luego me dijo: No sé por qué no quieres dormir.

Y es que la pregabalina me la había recetado desde octubre del año pasado. Llevo más de un año de un insomnio brígido, como diría Alecita.

Anoche me la tomé y hoy luego de orinar pensé que fácilmente podría volverme a dormir y despertar a las 8:30 con tiempo suficiente para todo. Pero me la estaría jugando porque qué tal que me dormía de más y llegaba tarde a mis juntas.

Recordé el método de Kramer y me pregunté si no sería bueno volver a usar despertador. Si no es ponerme demasiada presión en todo pero también en el sueño. Controlar lo incontrolable, esos impulsos básicos como comer, dormir, amar. Despertarme sola es como privarme del hambre, aguantarme ir al baño, orinar siempre antes de salir aunque no tenga ganas, y no dormir para no quedarme dormida, para no dormir de más.

Son las 7:45am ahora. Suena el despertador de mi vecino de arriba. Tiene la misma tonada que el que usaba el ticher.

Tal vez provoqué que estemos todos más estresados en esta casa por cargarnos con más responsabilidades. Para algunas cosas quizá es mejor que otro haga la chamba, para eso existen esos inventos, objetos, artefactos.

Que el despertador suene su tonada. Comer con hambre, orinar con ganas. Que suene el despertador y el ticher abra los ojos un momento y se vuelva a dormir. Que yo me despierte de malas cada mañana pero descansada al fin.

--

--

Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos