(19/52) Volver

Abril Castillo
4 min readMay 19, 2022

Tal vez por prisa, volví a escribir o empecé a hacerlo. Por esa misma prisa, porque las ideas se me escapan volando, a veces prefiero los audios, grabar mi voz. Pero nunca es lo mismo. No es lo mismo contarle algo a alguien, la necesaria escucha activa, que hablar sola al aire o a un celular.

En su TedTalk la autora de Comer, rezar, amar, Elizabeth Gilbert, cita a la poeta Ruth Stone y dice cómo a veces los poemas hay que cacharlos en el acto o se escapan. Cómo un día, caminando por el campo lo sintió venir y corrió a la casa, tomar lo último que quedaba de éste, su final, agarrarlo de la cola para conseguir anotarlo solo al revés. Y luego voltearlo.

Últimamente me pasa así. Escribo desde donde va la idea, no desde donde se me ocurrió porque ahí es donde palpita vida. Luego lo demás es memoria.

Escribo rápido y pienso rápido y a veces las letras me salen al revés también porque las tecleo más lento de lo que mi cerebro va. Eso dice mi hermano. Lo que me desespera porque no hay manera de hacerlo rápido y medianamente bien es dibujar.

Más de seis meses he pasado en Barcelona intentando evadir un libro sobre mi madre y construyendo otro sobre oficinas y viajes en el tiempo y amistad. Atorada y desatorada, depende del día y del ánimo. Al preparar mi última entrega, de paseo por Madrid, de hecho, en el mero trayecto, supe que no iba a lograr escribir, con esa prisa que solo se me da estando sola, que me deja seca y angustiada. Hay a quien le relaja hacer sudokus, a mí me da como una especie de gasolina que me quema por dentro. Eso me hace escribir, lo hago y me sale, pero a veces me deja como quemada por dentro, más cuando trato de escribir como si armara un rompecabezas. Aunque también, como en el caso del poema sobre la femoral, me quema por fuera y vomito fuego.

En el tren de Barcelona a Madrid me di cuenta de que no iba a poder escribir nada, solo ordenar. Descargué fotos de mi celular de las exposiciones que había visto y que me habían recordado esos túneles y edificios que he soñado o imaginado. Dibujé un cubo y lo expliqué por los dos lados, un cubo desarmado. No tener armas. Bajar la guardia. Hice dos pdfs y conté una historia en un Word como si se la contara a un amigo.

En Portugal tuve por zoom mi penúltima tutoría. Mi tutor me dijo que era interesante mi proceso creativo, pero que cuándo me iba a poner a escribir. Que tenía que escribir mínimo cuatro horas al día. Con el viaje por delante aún de dos semanas más me sentí muda y frustrada. No iba a poder hacer nada los días siguientes, y a la vez siento que todo el tiempo estoy escribiendo, todo el día pensando en esa historia, sus personajes, incorporando cosas que escucho o que siento o que pasan en otros libros, películas o personas a este universo que se va revelando lentamente.

Se juntó con una beca y una idea de futuro. Pero sobre todo, con el pasado que soy y que me resisto a ser en el presente.

¿Es una resistencia volver a dibujar para no escribir, o dibujar es una vuelta al origen, ese deseo revocado, fallido, descolocado que desde hace años me dejó muda?

Dibujar es lento. No puede hacerse con prisa. Se piensa mucho el dibujo. Se boceta mucho desde el dibujo. No sé hacer eso con la escritura. La forma del dibujo es palpable, ese esqueleto hermoso antes de que se vuelva ilustración. Si pensara igual que pienso esto la escritura, tal vez podría realmente escribir. Si de escribir no he parado, solo que no me sale lo que quiero, o simplemente es imposible publicar. Si nadie lee lo que escribiste, ¿realmente tiene sentido escribir? Es de nuevo como ese mensaje de voz grabado y la diferencia de la escucha activa cuando le cuentas algo a alguien que te quiere.

¿La literatura ya no nos quiere? Yo creo que sí. No creo que dibujar sea darle la espalda. Es solo sumarle cuerpo. Acercarme a eso que nunca llegaré que es la recreación total de una experiencia, pero bajo el influjo de la ficción, conseguir que exista aunque nada se compare con la realidad de haberlo vivido.

Pasar los siguientes años de mi vida dibujando, línea a línea, sin poder apresurar la máquina ni voltear las letras. Las ideas van surgiendo desde un fondo profundo y capa a capa quedan puestas. Play, enter. La historia aparece como si tuviera vida propia. Una vida hecha de hueso y lodo.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos