(20/52) La sencillez es el mejor adorno de la mujer

Abril Castillo
3 min readJul 13, 2019

Los primeros serán los últimos. Y eso se aplica sobre todo a las mudanzas.

Acabo de abrir las últimas cajas. No de abrir tanto como de descubrir. Buscaba un impermeable que desde mi casa anterior tenía descolocado y que apareció detrás de los cajones de la cajonera, en un lugar inaccesible, donde sólo mis gatos habitan.

Doña Maura decía que las cosas (que en algún lugar de la casa debían estar) no estaban perdidas sino extraviadas. Yo daba por perdido ese impermeable amarillo, dibujado por Alejandra. Que alguien me lo había robado o lo había olvidado en algún café o metro.

Cuando hace dos meses me mudé de casa, fue lo último que apareció. Al levantar la cajonera, quedó ahí en el piso, entre pelusas y polvo acumulado, entre aretes sin par y un muñequito de plástico que le giras una perilla y baila.

En la nueva casa, dejé tres cajones para mí y tres para Santiago. Santiago llenó dos y los tres míos estaban a reventar. A la semana, ya había más espacio en los míos. Un día los cajones estaban abiertos y, aunque vacíos, no se podían cerrar. Algo atrás los rebotaba. Con unas pinzas de cocina, empecé a pescar en ese espacio donde mis gatos se esconden si hay visitas o cuando simplemente quieren un poco de oscuridad. Saqué playeras, shorts, calzones, una bufanda, leggins. Los volví a acomodar.

Otro día, mis cajones volvieron a estar vacíos y encontré a Aparicio en el cajón antes vacío que Santiago nunca ocupó. Mucha de la ropa que no le dejaba espacio a mi gato para acostarse entre nuestros olores estaba en el cajón vacío: playeras, shorts, leggins, una sudadera.

Cuando ronronea, le digo a Aparicio que también es un palomito. Esta vez también había hecho su nido.

En la nueva casa también puse el impermeable en un ropero lleno de mis chamarras y abrigos, que pronto reconsideré para usarlo como bodega de limpieza. Sin orden ni cuidado, fui apilando ahí herramientas, bolsas de clavos, extensiones, la aspiradora. Todo sobre cajas que supuse que tenían más herramientas.

Cuando otra vez no encontraba el impermeable amarillo tenía casi la completa certeza de que estaba ahí, enterrado entre mi nuevo desorden.

Hice lo que claramente uno debe hacer cuando todo es un caos: vaciar el contenido y volverlo a poner ahí con un nuevo orden. Tirar lo que no es nada a a la basura, despedirse de lo que alguna vez fue algo pero ya no tiene lugar, encontrarle un nuevo lugar a lo que sí pertenece. Catalogar, desechar, recomponer.

En el ropero había tres cajas sin deshacer. Yo, que me vanaglorié hace un mes de haber terminado de desempacar, me encontré tres últimas cajas (¿esta vez sí serán las últimas?). Eran las primeras cajas que empaqué de mi otra casa: todos los adornos y juguetes; los objetos más chiquitos y los más superficiales (por encontrarse en la capa más externa de todas las posesiones que tenía en mi antiguo hogar) y que, por esa misma razón, hubo que remover antes que poder meter en cajas todo lo demás.

Ahora están ahí en mi pasillo. Tres cajas pequeñas y las más livianas, con objetos envueltos en periódico que aún no puedo descifrar. El adorno es eso que no urge jamás desempacar ni usar ni tener. No como las toallas, los trastes de la cocina, los libros de consulta, el material de dibujo. Los adornos podrían seguir ahí décadas entre periódico. Ser y regresar a ser basura, como en Toy Story 4. Porque en estas semanas han ido llegando otros, que encuentran su lugar de golpe.

Pero a cada periódico deshecho voy descubriendo tesoros del pasado. Eso también es mudarse. Volver a recorrer lo que todos estos años fuiste, algunas cosas que olvidaste, tocar otra vez cada una de las cosas que llevaste a tu casa entre brazos y luego dejaste por ahí. Es reconectarte con todo lo que has sido y dejar ir lo que ya no eres.

El impermeable estaba debajo de todos los adornos. Atrapado en ese momento en que el ropero se volvió mini cuarto de limpieza.

Los adornos están siendo reubicados en esta nueva casa. Aunque sea por último, ya llegaron. Y un adorno, aunque parezca a veces innecesario, no es basura: es memoria, identidad y alegría encapsulada.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos