(21/52) Cuántas cajas se necesitan para empacar tu casa

Al principio de La espada en la piedra, Merlín espera a Grillo porque es la próxima promesa del mundo. Cuando al fin se encuentran empaca su casa con un hechizo que va volviendo todo pequeñito hasta caber en un maletín.

El primer perro que tuve se llamaba Grillo. No de los que cuando llegué al mundo ya estaban (Crisis y Caos). El primero que llegó después de mí. Y sí fue por la película. ¿Me sentiría yo Merlín?

Ayer googleé fórmulas para saber cuántas cajas necesito para empacar mi casa. Las respuestas variaban de una a otra página. Hasta existen unas calculadoras. Muchas hablan de una proporción del número de cuartos y el número de habitantes. Otras más acotan que debe considerarse si el habitante es coleccionista o minimalista. Calculé que por lo menos necesitaré unas cincuenta. Y no como el chiste del pelo. Cuantos pelos tienes en la cabeza. Cincuenta. Tan poquitos. No: sin cuenta, porque no se pueden contar. Risas grabadas.

Llamé a mi mamá en la tarde y me dijo que se estaba haciendo una prueba del covid. Que le había bajado la oxigenación y se asustó. Hace unos meses le diagnosticaron principios de epoc. Mi mamá que fumaba como si nada desde siempre. Siempre roble, siempre impune, ilesa, tranquila y sana ahora salió corriendo a hacerse una prueba para ver si era por eso que su oxígeno hubiera bajado a 87. Pero ya lo tengo otra vez en 92, me dijo, que es lo normal para mí en esta ciudad. No sé por qué mi mamá no vive en la playa, a la altura del mar. La prueba salió negativa, me dijo al rato. Y luego me colgó porque acababan de llegar Daniel y Maria, su hermano y su esposa, de visita de Mazatlán. Tengo que pedir unos tacos, me dijo apurada mientras los saludaba, y ya no alcancé a decirle casi nada más que ya me tenía que mudar; orita te llamo, me dijo y colgó.

Pero no me llamó. Así que a las casi nueve de la noche le volví a marcar, interrumpiendo una película gringa sobre adopción. Donde sale la amiga rica de Bridesmaids y Johnny, el amigo en Ted. No era de risa pero los dos me hacen reír.

Menos de una semana para mudar todo. Lo mío y lo del Ticher, nuestra casa y nuestros estudios. Gatos, libros, comida (acabo de hacer el súper) y muy poca ropa porque me deshice de mas de la mitad hace meses.

Mamá, ya nos van a dar el departamento el lunes. El jueves me tengo que mudar.

José Luis el portero se enojó, y con razón, de que le avisara con tan poco tiempo. Se va a quedar de entrada con la mitad del depósito. Seguro se quedará con todo de todas maneras. Tal vez por eso de manera inconsciente hice esto de irme así de último momento. Sabía igual que no nos querían devolver nada. Nunca lo hacen. Santiago lleva casi tres meses pidiendo su depósito del otro departamento y no dejan de poner pretextos.

(¿Como se dice pretexto en inglés? En el trabajo siempre trato de decir que un proyecto final es un pretexto para mostrar el camino de un proceso creativo, pero nunca sé cómo decirlo y que se entienda; según yo es un falso cognado decir “pretext”.)

Por lo menos vas a necesitar unas ochenta cajas, me dijo mi mamá. Pero en los cálculos que hice con los datos de internet dice que cincuenta. Te lo apuesto y te lo cumplo, me dijo ella.

Hoy todo el día será de buscar cajas. Empacar a lo loco. Recibir al señor Israel para que me cotice la sexta séptima octava mudanza de los últimos dos años. Empacar libros. Vender la estufa. Voy a mil pero es más mi emoción de llegar a ese departamento con tanta luz.

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miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos

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Abril Castillo

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