(23/52) Mientras se muere una gallina

Abril Castillo
1 min readJun 16, 2018

Despierto sin despertador.

Pospongo levantarme.

Trato de leer por lo menos cinco páginas de libros que no sé si algún día termine.

Renuncio y me vuelvo estrella en la cama y doy un grito amigable en un final bostezo.

Respiro profundo e intento mantener bien abiertos los ojos.

Sin parpadear recorro las manchas del techo.

Y de golpe me viene el sueño que soñé

donde tenía dos piedras dentro,

pero ninguna era cáncer.

Me siento al borde de la cama

y siento el piso fresco.

Me pregunto qué ponerme.

Si me dará tiempo de bañarme o no.

Defino el clima partir de lo que trae puesta la gente.

¿Frío?

¿Calor?

Siento a mi gato acostarse en mis pies.

Calor de estar viva.

Me rasguña.

Dolor de haber despertado.

Oigo la campaña del camión de la basura.

Pienso en la fruta y carne

pudriéndose.

La saco mañana.

Sigo el vuelo de una mosca

dibujando polígonos

y recuerdo cuando me enteré de que no pasé el examen a la UNAM.

Salto de la cama.

Me preparo para empezar el día.

Escucho mi playlist perfecta.

Es hora de dejar ir esos segundos de la mañana

que olvidaré.

Que se irán a la nada.

Como la vida de esa gallina.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos