(25/52) Escaleras arriba, escaleras abajo (como en el cuadro de Escher)

Abril Castillo
2 min readJun 22, 2020

Estuve en dos cuartos de hotel este año.

El primero era muy amplio, tenía muchas camas (aunque solo éramos dos) y vista al mar. Dos matrimoniales y una individual al lado de la puerta de la terraza. Si te hacías bolita podrías haber dormido en el sillón bajo el espejo que reflejaba el cielo de noche cuando nos acostábamos. Pero dormiste a mi lado. Afuera dos sillas de playa y una hamaca.

A través del ventanal parado o acostado siempre lograbas ver el mar. Era como si nunca realmente lo hubieras visto.

Me leíste en voz alta una noche el cuento del vendedor de Cheever, un señor que dedica su vida entera a un oficio que termina en declive. Los dos lloramos.

Dos meses después fui sola a otro hotel. No tenía nada de particular.

No recuerdo el nombre de la cadena, pero todos los cuartos eran iguales. Nunca había estado en esa ciudad norteña.

Este cuarto solamente tenía una cama. Sola una yo también. Era una ciudad sin playa, la habitación no tenía balcón ni terraza.

Tenía una cama king size un escritorio y un sillón.

Al lado de la cama podría haber cabido otra pero solo había un tapete frente al ventanal. Una tarde me subió la presión y me puse a llorar, tenía el resto del día libre. Me senté en el suelo frente a la ventana. Le di la cara al sol con los ojos cerrados, y luego de tres años, volví a meditar. Me sentía en una pecera enorme y en paz. Escuchaba el mar cerca, como un cuarto que conduce al cuarto anterior, los ojos cerrados conducen a todos los cuartos.

Y el mar en el fondo, adentro de mí.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos