(26/52) Medio camino

La mitad de mi cuerpo es mi ombligo. De niña mi papá siempre dibujaba gatos que eran un ocho con orejas, cola y un ombligo en medio. En realidad el ombligo no está en medio del cuerpo, pero es la primera vía transversal de uno a otro. De la madre a la hija.

La mitad de mi cuerpo es mi nariz. Si se traza una línea de arriba hasta abajo, cada lado mío, cada hemisferio, quedaría perfectamente dividido.

La amistad es mi ecuador. Lo que divide mi familia de los extraños. Aunque con los años, la amistad se vuelve familia también.

¿Será que el verdadero ecuador es ese punto de una relación donde ya confías en el otro pero aún no le darías las llaves de tu casa?

Me asomo por un balcón que ya no existe. Hace unas semanas tiraron los muros de mi balcón y sólo quedó el piso. Me asomo y siento que la mitad de mi cuerpo está en el vacío. Pero sólo es mi cara. Mi cabeza.

Como volver a aprender a cruzar una calle. Dicen que no asomes la cabeza. Es lo más importante de tu cuerpo y se lo podría llevar un coche. Pero los ojos están ahí. ¿Cómo asomarte con los ojos sin cabeza?

Asomo mi cabeza por el balcón mutilado y siento que la mitad de mi cuerpo se cae. Y tengo la certeza de que una mitad soy yo, mi cabeza, y la otra el resto de mi cuerpo.

La semana veintiséis es la mitad de este camino también. Aún no llegamos, pero ahí vamos. Dejamos el cuerpo atrás y seguimos cabeza adelante.

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miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos

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