(27/52) Skissernas

Abril Castillo
4 min readJul 3, 2022

Don’t you want me, baby?, dice la canción que canta el piloto de Mitty. Es una película de la que me salí al final hace años, cuando salió en cine. No sabía cuánto faltaba para que terminara, pero no aguantaba las ganas de orinar. Esperé tanto como pude y cuando no pude más, fui corriendo al baño.

Mi cuñada, Erika, esposa de mi primo Iván, me preguntó qué estaba pasando cuando me salí. Les conté que volviendo a mi casa, busqué la película pirata sin parar para ver en qué terminaba, sin éxito. Me salí cuando Walter vuelve de todos sus viajes y se ve con la chica de sus sueños en un parque abajo de su oficina, o ex oficina. Eri me dijo que ahí terminaba, que me salí faltando unos cuantos segundos: [spoiler alert] Walter y ella caminan al puesto de revistas y él se ve impreso en la última portada.

Yo me siento así. Por eso decidí ver esta película hoy. La última en la portada de algo que ya no existe.

¿De qué vas a hablar en tu presentación durante el tribunal [así le llaman al examen final acá en España]?, me preguntó CarlosT. Le dije que hablaría del miedo.

¿Qué miedo se puede sentir de venir a otro país, pero sobre todo al primer mundo, donde todo funciona a la perfección? Bueno, para empezar es muy difícil hacer todos los trámites para entrar. Sobre todo por una cuestión de paciencia y de pedirle a esos padres con los que no te hablas nunca, que te respalden aunque todo te lo vayas a pagar tú con los ahorros de la última década. Segundo, porque soy la persona más miedosa que conozco, y eso que mi papá no se sube a un avión ni de pedo, y mi mamá si por ella fuera me llamaría diario. El miedo que siento es que nunca seré capaz de volver a casa, así como Dorita no conseguía encontrar el camino amarillo en reversa.

Luego del viaje del héroe, ¿realmente he cambiado? Me quiero hacer bolita y desaparecer.

Hoy salió un libro que edité durante seis años. Salió con otra editorial. La mejor amiga de la autora meses antes, luego de pedirme consejos a deshoras y sin pago alguno, me dijo que ya no le dijera nada, que mejor lo consultaría con una editora de verdad.

Empecé a escribir sobre fantasmas. Fantasma quien escribe y nadie lo nota. Fantasma quien traza un camino de madrugada, casi que para sí misma.

Quiero volver a casa aunque ya nadie recuerde quién soy. Quiero dormir en mi cama.

¿Amigas? Esta pandemia nos hizo fuertes, con esa cuerda para saltar. ¿Nos dejó solas o con quien queríamos? Con quien está y no hay más. La presencia no cabe duda. Tampoco los silencios.

Hoy que vi la estatua de la sirenita pensé si realmente la versión de Disney era tan peor que la de Andersen. Una se vuelve espuma porque nadie la quiere, ni el hombre al que ama ni su familia. La otra al regresar con su familia, recupera su voz y consigue al hombre que ama. ¿Y si se quedara con voz pero sola, sin familia y sin hombre? ¿Y si lo tuviera todo y aun así prefiriera ser espuma de mar? ¿Y si se volviera amiga del hombre que ama y pudiera ir y venir al mar a ver a su familia?

Es como si fuera la historia de alguien partido en dos, como es físicamente toda sirena, y que el mundo la castiga. Elige, escoge solo una cosa o te quedarás sin voz, sin amor, sin familia.

Este dolor que siento no se quita fácil, pero como todo lo que duele, pasará.

Walter Mitty se va al fin del mundo por una foto. ¿Qué imagen quería obtener aquí? Corro por la última bici, como él. Y veo los paisajes más hermosos. ¿Qué es la vida sino esas ediciones únicas? Nada se repite, una edición de más se vuelve capitalismo. El chiste es materializar algo.

Algo se materializó sin mí. Y qué bueno. Yo no era capaz. No éramos compatibles, ni lo que la otra esperaba. Yo era una mujer y sola.

Salen libros, los trenes se van. Los dibujos reaparecen y lloro en lugares que no tienen nada que ver.

Ayer conocí el museo de procesos creativos, de bocetos, de dibujo. Está en Lund. Voy a cambiar el título de este post, que hasta ahora se llamaba: Caviar, porque nunca lo he probado y hoy lo probé. No era tan caro en el súper.

Walter Mitty encuentra al último fotógrafo en el fin del mundo y sus palabras lo regresan a su mamá.

La mía me preguntó que si me recogía en el aeropuerto el próximo sábado. Y yo estoy como la Sirenita, sin palabras. Atorada en un lugar donde me escondí en noviembre de 2021, para volver soportable y disfrutable esta experiencia. Donde el dolor no existe.

Pero sí existe.

Skissernas es el nombre del museo, significa sketches, dibujos, “los bocetos”, dice Google Translate. Lo que hay antes de que haya algo. Ese puente que media entre una, la imaginación y eso que se vuelve objeto real.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos