(28/52) Tú la guitarra y yo maracas

Abril Castillo
2 min readSep 1, 2021

Mientras platicaba en la plaza Río de Janeiro con Elvis, sonó mi celular y era mi ermano. Le dije que le llamaba en un ratito y a los quince minutos que Elvis y yo nos despedimos, mientras caminaba le marqué a Tomás pero no me contestó. Luego a mi mamá, mientras caminaba hacia el metrobús de Jardín Pushkin. Colgamos.

Estuve en el andén más de diez minutos. Cuando llegó el metrobús estaba súper lleno y como pude me acomodé donde empieza el pasillo de la derecha y en el espacio para sillas de ruedas donde, de hecho, había un señor en silla de ruedas. Un señor muy mayor de edad traía una guitarra en la espalda, la cual cruzaba el pasillo en diagonal e iba bailando con los movimientos del metrobús. Lo esquivaba cuando podía pero no había mucho margen de espacio a donde moverme.

Con los audífonos puestos, recibí otra vez la llamada de Tomás y cuando contesté la guitarra me pego otra vez en la espalda. Ahí el señor bien enojado me dijo:

– Nada más te voy a encargar que no me pegues niña.

– No le pegué señor.

– Sí me pegaste, por favor ya no me pegues con tu bolsa.

Miré su guitarra aún bailando en el aire. Y mi bolsa de mi lado izquierdo, el opuesto al lado donde hacíamos contacto el señor y yo.

– Mi bolsa está del otro lado señor, de verdad no le pegué.

–Ya no me estés pegando –subió el tono.

Me asusté. La gente empezaba a voltear.

–No me pegues por favor –siguió el don.

Yo con la mirada fija en mi celular, viendo la foto de Tomas de bebé con la que tengo su contacto guardado en mi celular, la llamada en silencio.

–¿Yo por qué le pegaría señor? De verdad no le pegué, ¿yo por que le pegaría? – empecé a frustrarme yo.

Seguro no había entrado pero no tenía manos libres para colgar. Se cortó sola. Lo llamaría después.

El señor de la silla de ruedas me hizo in gesto como de que ya no dijera nada mejor. Me calmo un poco. La guitarra del señor seguía bailando por los aires, bloqueando el paso.

Cuando llegamos a la siguiente estación, el metrobús se vació bastante y corrí hasta los asientos de adelante que quedaron vacíos. Me senté y abrí el whats y le escribí a Tomás.

A: Ermano te llame

E: Sí, también te marqué

A: Te llamey

E: Pero le pegases a un ceñor

A: Conteste pero no oía

E: *sticker del niño viendo incómodo a la cámara con un vasito de refresco*

A: si oíste? Estoy llorando de la risa. Fue muy humillante

E: “¿por que le pegaría señor?

A: Más bien el nos venía pegando a todos con su guitarra. Qué injusto.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos