(29/52) No me dejes ir, pero por qué te enojas

Abril Castillo
3 min readSep 3, 2021

A los 8 años, mi amiga Arlene me contó de una vecina a la que su papá le dejaba de hablar cada que ella le pedía permiso de ir con una amiga a pasar la tarde.

De adolescente, me pasaba lo mismo cada que quería irme a Coyoacán a pasear con mis amigas. La prioridad eran los abuelos porque nadie sabía cuántos años más iban a durar, me decía mi mamá. O las comidas en familia, porque no podía ser tan egoísta como para irme a otro lado que con mi sangre.

Hoy por primera vez, luego de muchos años de que voy a donar sangre, hacerme estudios, de que me quitaron la tiroides y ahora cada tres o seis meses máximo tengo que hacerme perfiles tiroideos, hoy por fin decidir ver cómo brotaba la sangre de la aguja hacia el tubo.

A los siete años, cuenta mi mamá que me desmayé en un análisis de sangre que me hicieron. Me acuerdo a medias. Recuerdo algún tipo de estudio. Luego levantarme y ver manchas e intentar decir algo y luego ver blanco y luego un abrir y cerrar de ojos y olor a alcohol. Te desmayaste, alguien me dijo. Y de ahí, cumplir esa narrativa de que no puedo ver sangre.

Sangre de la nariz toda la vida. Picándomela, pero también brotando por el calor todo el tiempo, a veces de mucha tristeza, como esa vez que lloré en brazos de mi amigo Neto no me acuerdo por qué, y no lo manché en el hombro de lágrimas y baba, sino de sangre de la nariz. Sangre menstrual que aprendimos a odiar siempre. Sangre de mi brazo para donarle a mi mamá una y tres veces, y cuando fue de plaquetas, sangre que va y vuelve a mi cuerpo, más ligera. ¿Qué son exactamente las plaquetas? Sangre cada tres meses en un tubo para medir mi colesterol y triglicéridos y azúcar y hormonas tiroideas. Hoy vi cómo salían y qué pequeña era la aguja, mucho más pequeña de lo que pensaba. Y el líquido brotando así, como si nada, unos segundos. Hoy que vi, el procedimiento duró mucho menos, fue mucho más rápido, que las veces que volteé la mirada.

Cada que quería salir más horas o ir a lugares más lejanos, mis papás se enojaban antes de decir que sí o que no.

Me quise ir de intercambio en la universidad pero nunca me atreví. Luego a enseñar español a niños franceses, pero al final no lo hice. Ayer encontré un sobre que dice: SEP Francia 2008. Estudié francés por cuatro años, hoy casi no me acuerdo. Si voy a Francia sé que estaría hablándolo a los tres días otra vez, como andar en bicicleta. Entré a La Esmeralda y me iría a Alemania, me salí al año porque me fui a vivir sola. Francia de nuevo, cumplí mas de treinta y no cumplía los requisitos. Un intento de maestría fallido. Uno logrado: un semestre fuera. Luego covid. Un máster en creación literaria: ahorro y me lo pago yo. Me voy en octubre. Y en julio: mi mamá otra vez está enferma.

¿Me quedo o me voy?

¿Qué es la labor de cuidados? ¿Deben cubrirlo solo las hijas?

Should I stay or should I go?

Mientras tanto sigo con mis trámites de visa. Hoy entregué el resto de papeles. Trámites nada simples. Laberintos y llantos. Es normal, me dice Valentina, todes lloramos en esos trámites. Y con su mensaje me recompone de los mil pedazos en los que estallo y estoy por renunciar a todo.

Del trabajo no me corren.

Aún hay tiempo y vida. ¿Qué vida? La mía. La única que realmente tengo.

Cuando sea vieja, veré cómo cuidarme.

I should go.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos