(30/52) Un Advil cada tres horas

Abril Castillo
3 min readSep 9, 2021

Tantos años teniendo cólicos cada mes y aún no sé bien qué hacer este día para lidiar con el dolor y los deberes. Cuando por ventura me baja en fin de semana, puedo arremolinarme en las cobijas y las series sin tanta culpa y llorar a ratos de desesperación y dolor.

Las tres últimas veces me había bajado en sábado o domingo, pero ahora me bajó en miércoles.

Entre no haber dormido bien de ayer a hoy por el temblor de anoche, más el ciclo, me siento molida. De todos modos cada que me baja me siento muy cansada, con un cansancio parecido al mal del puerco, cuando toda la sangre se te va a la panza y no puedes pensar bien, concentrarte mucho, que solo quieres arremolinarte en la cama y las series.

También he estado pensando seriamente en mi alcoholismo en estos días, no en el consumo de alcohol per sé, sino en esa clara sensación de compulsión que pega algunas veces y va nutriendo un miedo, más que aliviándolo, aunque parezca lo contrario.

Lo más probable es que tenga que irme a Barcelona sin que aún hayan operado a mi mamá. Ayer le decía que quizá lo que la vida pondrá a prueba esta vez es cómo las dos sobrevivimos una sin la otra, tan acostumbradas a habernos salvado mutuamente siempre.

En ésas estábamos cuando sonó la alarma y tuve que colgar, con 20% de batería, y salir corriendo. Por suerte tenía los tenis puestos, y casi olvido ponerme el cubrebocas.

Afuera llovía y varios transformadores tronaron durante el movimiento, que se sentía como ondas circulares, y duraría más de un minuto. Y cuando paró, se seguía sintiendo que temblaba. Y cuando paró, me puse de cuclillas y me dieron muchas ganas de llorar, y me solté llorando. Y ya no sabía si era por el miedo del temblor, o por lo que acababa de hablar con mi mamá. Y luego ella me dijo en el chat de la familia que la que más le preocupaba era yo. Por los temblores, según, pero me recordó a una vez que mi abuela Paz me dijo que sabía que yo aceptaría su muerte, pero le preocupaba mi prima Emilia.

Y de regreso a la casa, una media hora después de que temblara, nos volvimos a subir el ticher y yo a la casa. Cenamos frijoles con queso, y me tomé un par de copas de vino. Y cuando fui a hacer pipí, me había bajado. Qué loco, pensé. Porque de tanto estrés se me había atrasado un par de días la regla, y yo soy muy regular. Pero cuando me estreso, se atrasa. Y se me hizo loco que justo después de un temblor y esa plática con mi mamá me haya bajado.

Y hoy tengo muchísimos cólicos y me desperté a media noche y me costó volverme a dormir. También pienso en lo mucho que voy a extrañar dormir abrazada de Parvana, que aparte todo el día me anda persiguiendo por la casa. Y en la noche yo a ella. Y Aparicio que se me acuesta en el sillón a espaldas de mí mientras trabajo, los tres juntos siendo gatos, sobre todo hoy que por ser día laborar, no estoy arremolinada en mi cama, sino en la sala, y no estoy viendo series, sino trabajando. También pienso en lo mucho que voy a extrañar mi cotidianidad con el ticher: levantarse temprano para ganar el baño, desayunar a destiempo y en cuartos separados pero preparar el desayuno juntos. Cocinar juntos y comer y cenar. Ver series. Hablar del día. Reírnos de cosas, ir por pan, comer molletes, lavar los trastes, sacar la basura. Sus pies en mis pies por dentro de la cama.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos