(32/52) Language should cover its own eyes when it speaks

Me siento cansada aunque dormí mucho.

Cuando leyó mi texto del rape, Alex me dijo que así se sentía él cuando estaba crudo.

¿Estaría cruda constantemente en esa época y no era tristeza sino deshidratación? ¿No es la melancolía en los humores ese peso negro tan parecido a la histeria?

No puedo hablar.

Me llevé muchos libros al hospital no para leerlos todos sino para darme opciones. No sabía de qué tendría ganas de leer.

Y me llevé también un par de cuadernos llenos de palabras.

Uno: el de los trayectos a panamá, el último taller de hasta la entraña donde ya casi sólo escribíamos trayectos. El último escrito a mano porque en el taller final escribíamos en médium. Aquí.

Dos: el cuaderno verde de la operación a corazón abierto que en 2015 le hicieron a mi mamá. Para releerlo. Transcribirlo quizá.

Parece que el hospital contiene todo el tiempo del mundo, pero no.

Solo vi series. Una serie. Last man on earth. Contraté starz y Disney mientras esperaba a que terminaran de hacerle la cirugía de reemplazo de válvula a mi mamá. Vi también la película de Luca porque los Pixis me dijeron que éramos nosotros. En la escena final sale un tren.

Yo, como Luca, quiero subirme a uno, despedirme de mi familia, ir a estudiar.

No leí ni transcribí nada en el hospital. No podía ni hablar. Pensaba que escribir en vivo la experiencia, como en aquel cuaderno verde, era distanciarme y no vivirla. No verla a los ojos. No estar ahí. Ser turista de mi propia vida. Frívola. Insensible. No sé si más bien habrá sido fuerza lo que la vez pasada me mantuvo constante en esa rutina de dibujarlo todo, escribirlo todo. Mirarlo y procesarlo conforme pasaba.

Pero esta vez no vomité ningún día de angustia. No tuve ataques de pánico. No bebí alcohol ni tome Tafil. No llamé amigos ni a mi psicoanalista.

¿Estaba evadida, encerrada, atrapada en mí misma? ¿Sigo así? ¿O estoy gritando ahora, una vez que el carro de la montaña rusa paró?

Lloraba a ratos. Reía a ratos con mi mamá, cuando la visitaba en la unidad de coronarias, que es una especie de terapia intensiva, donde estuvo tres días.

Y me reía también cuando veía Last man on earth. Su protagonista es un antihéroe que a la vez que salva a todos los sobrevivientes del mundo al juntarlos en Arizona gracias a unos letreros que deja en el camino, también muestra lo peor de los humanos. Un tipo mentiroso, egoísta, celoso, ladrón y flojo, un idiota entrañable.

Estos días sigo sintiendo que no puedo hablar. Pero a la vez aquí estoy escribiendo cosas, leyendo la última parte de El invencible verano de Liliana, de donde tomé el título de este post: una cita de Ann Carson donde habla del origen de la raíz rape, rapar, robar.

Me siento muerta. Cansada sin fin. Muda. Cruda. Triste pero ya sin miedo.

No quiero esta vez, como luego de la operación anterior de mi mamá, vivir con hipocondría los siguientes años.

Me quiero ir en un tren como Luca. Asustada y feliz de descubrir algo que no puedo ni esperar. Lo desconocido. La incertidumbre.

Ayer compré mi boleto a Barcelona.

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miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos

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Abril Castillo

Abril Castillo

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