(34/52) El orden del jitomate

Abril Castillo
2 min readOct 3, 2018

De Morelia recuerdo esa casa con muchos desniveles, quizá porque estaba construida en el principio de una colina, quizá porque era una predicción de una vida nómada de hogares y había que conocer los altibajos desde entonces.

En una columna de tridilosa que había en la cocina, colgaba un resorte con una sillita para Tomás, donde él, de un año de edad, daba brincos y yo lo envidiaba queriendo saltar también.

A los tres años mi mamá me daba de comer carne con jitomate y aguacate. Cada uno picado. Cada uno en su espacio del plato.

El orden de los factores era muy importante. Para probar cada sabor en el mismo bocado había que considerar la consistencia de cada ingrediente.

Si con el tenedor tomabas primero la carne, el más duro de todos los ingredientes, el jitomate y el aguacate se aplastaban por completo y no lograba agarrarlos el trinche.

Si primero se picaba el jitomate, podía dejar un límite duro con su piel y volver difícil, aunque no imposible, picar después la carne. Pero el aguacate seguía aplastándose. Se quedaba embarrado en el plato y no en mi boca.

Había entonces que picar primero el aguacate. Después el jitomate, que lo hacía subir por los dientes del tenedor. Y finalmente la carne, que hacía subir a los otros dos.

No sé cuántos años o meses me habré tardado en darme cuenta de esta realidad tan obvia.

Hay un juego que se llama Las torras de Hanói. Una vez lo jugué en una fiesta por horas y nunca logré resolverlo. Es ese juego de maderas que sale en la primera de la última tanda del Planeta de los simios.

Idalia me dijo que ella de niña lo jugaba mucho. Su mamá es matemática. Que le contó a su mamá que yo nomas no lo lograba. Que su mamá le dijo: dile a tu amiga que en las matemáticas también hay que dejar de pensar.

Como en el baile, pensé yo. O en la comida.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos