(35/52) No tire monedas en el estanque

Abril Castillo
3 min readOct 6, 2018

Hace como diez años a un amigo ilustrador le encargaron un libro de Da Vinci. Preguntó entre amigos si alguno quería ser dibujado como un animal. Le teníamos que mandar nuestra foto y el animal al que nos parecíamos. Le mandé mi selfie y le conté que en la secundaria me decían que tenía cara de pájaro. No como algo bueno. Eso no se lo conté.

Cuando salió el libro no me había dibujado como un pájaro sino como un sapo. Fue muy humillante. Ni sé para qué me presté a ese juego. Había propuesto un animal que en el fondo yo vinculaba con una agresión y terminé vinculada al animal más feo de la comarca.

Lo chistoso es que desde hace unos años, cuando tomo algo muy frío o como algo muy ácido, se me inflama una glándula de la saliva que puede llegar a incharse tanto que parecería que tengo una infección en la garganta, que está a punto de darme gripa. Y me hace ver como un sapo. A veces se pasa casi al instante. Otras la inflamación puede durar casi días.

Como al principio no sabía qué era, fui con el doctor Fidel, mi otorrinolaringólogo. El mío, con el que he ido por años, es de los doctores más dulces que conozco. Los menos dulces: los ginecólogos y los psiquiatras. Los más: el gastroenterólogo y Fidel.

Cuando nadie me creía que una pastilla me estaba dando como efecto secundario tener náuseas por más de un mes diario todo el tiempo, fui a ver si no era algo de la garganta o algo más de los terrenos de Fidel. Me revisó y me dijo que todo estaba bien, pero googleó la medicina (lo cual obviamente yo ya había hecho también) y vio (como yo seis semanas atrás) que uno de los efectos secundarios era la náusea. Le dije que eso ya se lo había dicho a mi psiquiatra pero que decía que no era cierto y que también me había pedido en ese entonces que confiara en él, en el medicamento y que dejara de googlear cosas.

A los doctores no les gusta que sepas nada.

La náusea sólo se me quitaba la hora que iba a nadar. Fidel le redactó una carta a mi psiquiatra pidiéndole que me creyera y adjuntó el artículo donde decía lo de la náusea. Tú de todos modos ya déjatela de tomar, me recomendó. Me dio ternura pero también pena. Al psiquiatra no le di la carta de Fidel. Por ahí la debo de tener aún. Lo que sí hice fue decirle al psiquiatra que no podía seguir viviendo con náuseas y que ya no me la iba a tomar. Entonces me la cambió y las nauseas terminaron.

Con Fidel llegué a ir también por lo de la glándula salival. Me dijo que se tapaba como reacción a lo muy ácido o frío. Que tomara mucha agua. Que con eso se tenía que destapar cada vez. Y que no me preocupara.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos