(39/52) La última cena

Abril Castillo
3 min readOct 25, 2018

Aunque nos habíamos prometido unos mezcales casi desde que llegó a vivir a mi mismo edificio, Andrea y yo nunca los concretamos. Fuimos, eso sí, más amigas que antes. O retomamos una amistad que se había quedado quizá en pausa (en cuanto al vernos), pero no en el cariño.

Nos conocimos por ahí de 2007, tal vez antes. Las dos jugábamos fútbol desde la prepa y al entrar a la universidad los equipos de todas las prepas que hacíamos ese torneo en Villa Olímpica se fueron quedando incompletos. Nos juntamos los miembros sobrantes y armamos un primer equipo que se llamó Troncas, creo. Atlético Pasto, después, y finalmente Matalascañas, donde por primera vez jugué en cancha grande y durante unos ocho años en la Liga del Ajusco.

Andrea jugó de portera, de media, de delantera, de defensa.

Me salí del equipo así como varias, cuando salimos de la carrera y empezamos a tener trabajos cada vez más demandantes. Subir al Ajusco exigía un día completo de vida y luego me quedaba toda la tarde con dolor de cabeza.

Andrea se fue a vivir un tiempo fuera. Luego la reencontré en un proyecto de animación con su hermana. Luego volvió a irse. Y Mara me aviso que estaba viviendo en mi mismo edificio.

Así como pasaba en el fútbol, no lográbamos vernos. Una vez fui a la obra de su entonces novio y nos seguimos a una fiesta juntas. Nos tomaron una foto bajo una luz roja donde las dos salimos carcajeándonos.

No logramos armar esos mezcales. Hasta que me avisó que se iba ya del edificio. No era mi intención dejar todo para el final. Seguiríamos viviendo en la misma ciudad, pero ya no sería lo mismo.

¿Con quién me encontraría en las mañanas cuando salíamos, yo a cualquier lugar, ella a pasear a sus perros? ¿Con quién me pararía en la banqueta de enfrente cuando sonara la alerta sísmica? ¿A quien le mandaría mensajes aparte cuando algún vecino enviara un Piolín de buenos días en el chat de vecinos?

Como estábamos condenadas a volvernos algo fuera de contexto, nos teníamos que despedir. Hicimos una cena en la casa con Mara, Bethania y Andrea.

***

Jitomates cherry, echalote, ajo, cebolla, albahaca, menta, fresas, garbanzo, blueberry, granada, azúcar, frambuesa, spaghetti sin gluten, sal, pimienta, queso de cabra.

Cortamos el ajo y todos los echalotes y Bethania no dejaba de llorar. Luego todos los jitomates cherry de colores. Cada cosa al fuego en un wok hasta que se hizo una mezcla pastosa. Agregamos albahaca y sal y pimienta.

Hicimos aparte la pasta.

Picamos las fresas, y las pusimos en un bowl con las frambuesas y los blueberries. Agregamos azúcar para que exudaran sus jugos las frutas. Jugo de mandarina. Hojas frescas de menta y yerbabuena. Como casi era septiembre, Bethania tenía en su casa una granada y fue por ella. Echamos sus granos sobre la mezcla de frutas y lo dejamos reposar.

Molimos el garbanzo con aceite de oliva y mucho ajo.

Bebimos vino. Comimos pasta. Picamos hummus. Y servimos el postre que, para entonces, ya sabía como los dioses.

Nos despedimos Andrea y yo. Nos dimos cuenta de que en el fondo nunca dejaremos del todo de ser vecinas.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos