(40/52) Never more y cruzar un mar

Abril Castillo
4 min readNov 22, 2019

Yo ni cuenta me di cuando se ponchó la llanta. Me bajé del coche para ver y era como un globo reventado. Seguro hasta el rin se fregó un poco.

Íbamos a salir a las 3 de Querétaro y luego dijeron que mejor a la 1:30. Llevábamos menos de una hora cuando la llanta se reventó. Me bajé de la camioneta para ver pero también para preguntarle al chofer si necesitaba ayuda. Me acorde de ese episodio de The Office donde Pam cambia la llanta de la camioneta de Meredith. El chofer me mandó a subirme otra vez. Íbamos solo tres de pasajeros: Alejandra, un chavo, cuyo nombre no me sé, y yo. Estuvimos unos quince o veinte minutos y luego el chofer se asomó a la parte de atrás: Ahorita vengo, voy por la llanta, nos dijo. Cerró la puerta y se fue.

¿Cómo que por la llanta?, le dije a Ale.

No traía llanta de refacción la camioneta. El chofer dejó las llaves pegadas y el aire y la música prendidos. Escuchamos José José, Franco de Vita y Maná.

Tal vez nunca vuelva, pensamos. Esto es como una película de terror. Pero de día.

El sol nos daba con todo su esplendor de las 3 de la tarde.

¿Qué habría pasado si hubiéramos salido a las 3 en vez de a las 2? Salimos a las 2 porque la camioneta que iba por nosotros al hotel se retrasó por una avería. Según mandaron otra pero tal vez mandaron la misma. Nos dijeron: Ya viene una camioneta diferente, solo está cargando gasolina. No subimos a la camioneta pasadas las 2. Por suerte fui antes a hacer pipí aunque sabía que ya era tarde. Apenas salimos a carretera el chofer se paró en una gasolinera para cargar. Pues qué no iba a cargar y por eso se retrasó, pensé.

Nos pusimos en camino con el tanque lleno y unos kilómetros más adelante vi que estábamos de lado y el chofer se fue hasta la orilla, donde el camino es de tierra y está la barda se contención. El ruido del rin se hizo cada vez más fuerte hasta que encontró dónde orillarse y se detuvo. Nos miró quizá esperando vernos dormidos porque no dijo nada.

¿Se ponchó la llanta?

Creo que sí, dijo mientras se bajaba de la camioneta.

El chofer se fue, dejó las llaves pegadas, nosotros asustados y regresó con la llanta unos cuarenta minutos después. Se bajó de un vocho que ninguno de los tres supimos de dónde salió. Y justo cuando empezaba a angustiarme, a sentir una especie de claustrofobia de estar ahí atrapada en medio de la nada, Alejandra grito: ¡Ahí está el chofer!

Y algo dentro de los tres se recompuso, aunque llegáramos más tarde de lo previsto al DF, llegaríamos después de todo.

Tal vez si la camioneta en vez de a la 1 hubiera llegado como quedamos a las 3, al reventarse la llanta habríamos chocado.

En la mañana llegó un cuervo a mi ventana y empezó a gritar.

¿Qué significa que venga un cuervo a verte?

Nunca había visto un cuervo de cerca. Era tan grande y brillante. Como un gato negro con alas. Su llanto como un maullido doloroso.

El chofer nos dijo que otra camioneta venía en camino. Y media hora después llegó una que era la versión diez años más nueva que la nuestra. Hasta olía a nuevo.

Hoy mi ermano cumple 33 años. La edad eterna de Cristo.

La primera noche en Querétaro compartí cuarto con una chica desconocida. No sabía ni su nombre cuando entró por la puerta soltando un fuerte eructo. Seguro no sabía que yo ya había llegado. O a lo mejor sí. A lo mejor llevaba horas aguantando ese aire dentro y al sentirse segura y sola lo dejó salir. Era unos diez años menor que yo. Tenía la cabeza rapada como yo hace un año.

Tal vez este viaje fue de túneles en el tiempo sin sentido del pasado al futuro, en un presente que no avanza porque tanta presión lo reventó, y solo viendo a otro lado el mundo tiene sentido. El tiempo no existe.

Cuando nos subimos a la nueva camioneta el camino se despejó de tráfico. Vimos el atardecer sobre un terreno desértico con plantas secas a contraluz y unas nubes que parecían dibujadas por un niño de kínder o por Bob Ross. Suaves como algodón.

¿Usted se llama Moisés?, le pregunté al chofer.

No, me llamo Rogelio.

Rogelio abrió los mares de trailers y entramos a la Ciudad de México unos minutos antes de que dieran las 6 de la tarde.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos