(40/52) El malabar

Abril Castillo
3 min readNov 9, 2018

En la secundaria me empecé a obsesionar con los malabares. Ahora que lo pienso mejor, fue hasta la universidad. Y el obsesionado era mi hermano. Él era el que aún iba en la secundaria o en la prepa. Ese mismo espacio que cuando entré me hizo pensar que qué tenía de diferente secundaria y prepa.

En 2003 o 2004, durante esos primeros años de mi carrera de Letras, Tomás y yo veíamos por las noches Big Brother, el segundo. Uno que traía la canción de Kabah con versos mal rimados. Cenábamos cereal frente a la tele en mi cuarto en ese departamento en Copilco donde viviríamos menos de lo que esperábamos.

Pero fue antes. En el Big Brother uno, que yo no vi pero mi hermano seguía en casa de mis titos, en que se enganchó con una participante que sabía hacer malabares. Y él dijo: si ella puede, yo también quiero poder. Así que se metió a ver tutoriales en YouTube y fue aprendiendo a malabarear de tres, de cuatro, de cinco. Con los años llegó a malabarear siete y ocho.

No es lo mismo malabarear pares que nones, me explicaba. Los nones los tejes. Los pares dependen casi de cada mano.

Se hizo de un monociclo. O mis papás y abuelos se lo compraron. Clavas. Distintos tipos de pelotas que mi mamá aprendió a coserle, rellenas de semillas.

Empecé a dibujar malabaristas. A escondidas porque dibujaba con pena, así que dibujaba horrible. Los hacía sin rostro ni pelo. No me daba cuenta de que lo estaba dibujando a él.

Fuimos en un viaje a Canadá donde buscamos en varias ciudades material de malabarismo.

Y luego en Ottawa un día en que estábamos haciendo tiempo antes de tomar un tren, caminamos hasta dar con un museo que tenía una exposición gigante sobre el circo, obras traídas de todo el mundo con ese tema.

Quiero pintar, no importa cuánto me tarde en aprender, pensé.

De regreso a México, busqué a Ingrid. La que había sido mi maestra de la infancia de pintura. Y desde mediados de la carrera, volví a dibujar y a pintar.

Hice un cuadro enorme de un malabarista, basado en una foto que había tomado en Canadá.

Me gustaría volver a emocionarme así otra vez. Sentir miedo de aprender algo que me apasiona y que no sé si seré capaz de hacer.

Había en esos tempranos dosmiles una serie de Sony, Joan of Arc se llamaba, donde una adolescente va aprendiendo cosas en manos de un ángel. La preparan para la vida. Está bendita o maldita. Ya no me acuerdo. Pero en un episodio, cuando ya no puede más con su vida (o ésa quizá soy yo), el ángel le deja un problema a resolver:

Si una persona tiene que pasar tres bolsas por un puente hecho de tronco, el cual solo sostiene su peso más el de dos bolsas, ¿cómo lo hace? ¿Cómo cruza con las tres bolsas?

Malabareando.

https://m.youtube.com/watch?v=b89CnP0Iq30

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos