(41/52) Molletes para cenar

Abril Castillo
2 min readNov 17, 2021

Tengo una ventana enorme frente a mí cada que despierto. Y cuando me duermo también pero de noche no entra luz y entonces siento que la ventana es menos ventana que de día. De día uno de los primeros días la dejé cerrada, sus lenguas de madera cerradas y no había ni gota de luz. Me quedé dormida hasta la una de la tarde. Ahora me preocupo de noche por dejarla abierta para saber que ya amaneció, aunque eso también es medio tramposo porque amanece casi a las ocho de la mañana.

Llevo despierta desde las seis y media. Ya tengo hambre y tengo que acabar una tarea sobre mapas y cuerpo. Desayunar. Luego me da por una cosa y no la suelto en meses. Por ejemplo, ahora llevo desayunando yogurt con blueberry y frambuesas y muesli toda la semana, y un café. En México desayunaba un licuado de avena con fresa, blueberry, manzana, plátano, naranja y apio; un huevo a la Majo y un café. Así diario como por seis meses o más. Cenaba siempre molletes siempre, en días buenos y en días malos.

Me gusta tener rutinas como esa para no pensar mucho en decisiones que no deberían ser una carga. Fluir en el día.

Anoche el ticher me dijo que iba a cenar molletes en mi honor. Lo extraño mucho. También hay rutinas que sirven para no pensar demasiado, para no clavarse en sentimientos tristes. Y luego cuando esas rutinas quedan lejos, pueden volverse rituales para estar cerca.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos