(42/52) Pero hoy te convertirás en un hombre

Abril Castillo
5 min readNov 3, 2022

Con esa frase empieza Jojo Rabbit. Con este meme empezó mi vida laboral independiente. Iba a ver Jojo Rabbit pero me quedé escribiendo esto. ¿Jojo se vuelve adulto o sigue siendo un niño al final?

Me desperté de madrugada por el sonido de Aparicio vomitando. Soñé que nacía el hijo de Juan y temprano en la mañana le escribí. Me invitó a la inauguración del árbol torcido, un nuevo espacio cultural en la Roma. Pero mañana me voy para Colombia, estoy muy emocionada de ir. “Fue un esfuerzo por hacer algo no capitalista con una herencia”, me dijo. Y ambos prometimos: “Luego nos vemos”.

Justo antes de la pandemia iba a ir a Bogotá. Diez días antes del inminente cierre de todo me compré un escritorio que llevaba muchas semanas viendo en la tienda, coqueteando con la idea de comprarlo. Combinaba perfecto con el diván de mi mamá. Nunca pude usarlo, si acaso una vez. Hoy decidí venderlo porque todas mis cosas no cabían y llevo en realidad un tiempo o todo el tiempo que llevo de vuelta en mi casa, trabajando en el comedor.

Compramos con el ticher un comedor nuevo porque las sillas del viejo estaban todas rotas. Era más barato comprar el comedor completo, con todo y mesa. Solo que la mesa era rectangular y la del viejo es redonda. Cabe mejor en el espacio. Algo más: ese comedor era de mi tita, era su antecomedor. Para nosotros es nuestro comedor, con otras sillas ahora. La mesa rectangular la puse en mi estudio en una disposición idéntica a como tenía mi comedor en Vértiz, con la pared a mi izquierda. Un lugar como objeto transicional. Hago un hueco donde quepo y que me abraza y me siento a gusto. Ojalá ahora sí logre usar ese espacio y liberar las áreas comunes.

El escritorio de panamá lo subí a la venta en mis stories. Hace una hora Mariano lo compró. Negociamos el precio y le mencioné un intangible: la magia de ese mueble que cerca de Idalia echa chispas. Panamá desapareció pero la vida de ese escritorio será mejor cerca de ella, como se suponía que ocurriera. Un Géminis es todos los Géminis. Que ahora Mariano habite ese lugar me parece lo mejor que le podría pasar al escritorio.

Terminé de ver Hacks hace rato también. La empecé hace meses con el ticher pero no cuajó. Idalia me la recomendó mucho. Estaba en el avión camino a Mexicali y vi cuatro episodios. Otros tres y medio de regreso. Entre ayer y hoy lo demás. De las series más geniales que he visto. Me gusta su desparpajo y espeso camino para entender su propia oscuridad, su egoísmo y derecho a dedicar sus vidas a sí mismas: a su vocación y su pasión. A no ser víctimas sino agentes de un cambio perpetuo en sus vidas, da igual que una tenga 25 y la otra 70. Si te dedicas al arte, la reinvención tiene que ocurrir siempre.

Ser más cínica. Responsabilizarme más de mis actos.

Hace un mes publiqué en ig y fb un poema sobre unas alcachofas que olvidé que había hervido. Eran tan baratas en Barcelona. Seis años estuve trabajando con Ale en su libro. Y estando allá, unas semanas me dejó de responder los mensajes y también el supuesto coeditor. Hay sucesos que no se quedan en un punto sino que son como diarrea volcánica.

Yo hice mal en no publicar su libro en el instante que ella quiso, pienso. Porque era necesario ese instante para ella y el país, su país.

Seis años no editándolo, ayudándola a escribir y reescribir. A terminar la narración. Y luego sí, editarlo.

“¿Te debo algo más?”, me preguntó cuando al fin me devolvió el dinero dos semanas después de lo acordado. Seguro se refería a eso, a todo ese trabajo de cuidados intangible. “Eres muy generosa”, me dijo cuando le envié las últimas correcciones antes de imprimir. Aunque no fuera conmigo.

Supongo que como en Hacks no era generosidad, sino intentar que todo ese trabajo hecho no se tirara a la basura.

En el poema de las alcachofas hablaba de cómo, por andar en chinga, olvidé una noche las alcachofas en la estufa. Cómo a la mañana siguiente Mariana me dijo que las había abandonado. Las puse en el refri y me las cené esa noche.

Lo subí hace poco a mis redes y mi mamá puso un emoji que me pareció pasivo agresivo, de no entender de qué hablo o de que un poema sobre alcachofas no significa nada.

Cuando lo trabajé en el master con Dobry, me ayudó a irle recortando cosas a favor del ritmo pero también a no revelarlo todo; a dejar que una imagen sea la imagen que es, sin respuesta única. Recuerdo que quité la frase final “de qué otras cosas me habré olvidado también”.

Lo releo ahora y yo tampoco lo entiendo del todo, como mi mamá (y como a mi mamá a veces). ¿De qué hablaba? ¿Cómo sabía qué estaba por suceder?

Mi proyecto para el trabajo final de master iba sobre una poeta bloqueada, una escritora fantasma y un viaje en el tiempo.

Cambié mi proyecto final de tanta rabia. Se reveló más la oficina como centro del relato y surgió una voz que narra desde el dolor de la invisibilidad.

Un libro es un lugar intangible que construye un escritor con sus palabras y un editor con la materia.

No es la primera vez que me pasa que un autor publique antes su libro en otro lado y no será la última.

Hoy al ver a Deborah de Hacks pensé: no quiero tener hijos.

En la vida hay que ser menos “generosa” para que no te tomen por pendeja.

Al principio de la pandemia me compré una cuerda de saltar. No la usé mucho porque mi vecina de abajo me pidió no hacer ruido. Sí: la misma que guardaba galones de gasolina para su papá, dueño de camiones de mudanzas. Me compré esa cuerda al mismo tiempo que Ale la suya. Dijimos que saldríamos más fuertes de esta cuarentena, que se volvió de años. No sé si salimos más fuertes pero sí que ya no salimos juntas.

Volviendo a la pregunta inicial y al título de esta entrada, Jojo Rabbit no muestra cómo el protagonista se vuelve hombre: al principio de la película, Jojo empieza siendo adulto e intenta seguirlo siendo hasta que no puede más. Y termina por ser niño al final, lo consigue. Sin guerra ni madre ni amigos imaginarios, solo un baile en la realidad.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos