(43/52) A las 19:17

Abril Castillo
2 min readNov 27, 2020

A las 19:17h a veces me siento triste.

Luego se me pasa y ya no recuerdo de qué iba a escribir.

Veo el zoom de mi casa y siento que estoy mostrando demasiado pero luego me doy cuenta de que no estoy mostrando nada, un pequeño fragmento de mi casa. Y además si no dónde dejo mi computadora. Ver para que otros te vean, ver para tu ver.

Una vez en una tienda de lentes en NY me puse unos lentes enormes con la ilusión de no perder nada de vista. El encargado me dijo que eran demasiado grandes para mí, que no debían sobrepasar mi cara los lentes. Pero es que yo así podía ver más.

Un hombre tiene un perfecto tiro al blanco y sus alumnos le preguntan cómo lo hace. Cómo hace para atinar 100% de sus tiros en el blanco. Él explica: tiro la flecha, cae en un punto. Me acerco y alrededor de la flecha pinto el tiro al blanco, la flecha justo en el centro siempre.

Mi terapeuta me dice que cómo consigo mi precisión y le cuento esta historia. Yo vivo al tanteo, le digo. Y ella me dice que yo vivo exactamente al contrario. Nadie tan preciso, tan inflexible como yo. Y siento que luego de diez años quien mejor debería de entenderme, no me entiende nada. Ajusto el mundo a mí. Porque nada funciona bien. Tal vez es cierto, tiene razón. Me duele.

La posición de mi computadora apunta a mi casa, no a ningún muro. Antes apuntaba a un muro pero preferí poner mi escritorio contra la ventana, ver yo todo el día hacia la calle. Ahora se ve mi casa en cada videollamada.

Se ven mis banderas feministas y se ven mis libreros, los del cuarto donde estoy y también uno de afuera largo. Un cartel enmarcado del ticher, el primero que me regaló. Y mis gatos en mi sillón verde (que es más bien su sillón verde). Se ve de lado un librero blanco y un pescado rosa que Quetzal me regaló como un recuerdo de Taiwan el año en que operaron a mi mamá y no conocí Asia. ¿Algún día la conoceré?

Pero mi casa va mucho más allá, eso que se ve de mi casa no es nada y parece tanto. Mi casa se extiende profunda hacia allá, alta hacia el cielo, profunda y tan oscura, imposible de imaginar. Mi cara todos los días está de golpe contra el sol y eso es una ilusión. El único lugar con sol y calor éste donde está mi computadora.

Todo lo demás es desconocido. Para ellos y sobre todo, para mí.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos