(44/52) Drafts de cinco años

c. 1500, una variante ortográfica de draught (q.v.) para reflejar el cambio de pronunciación. A finales del s. XIX era la forma establecida en las oraciones militares, comerciales y en muchas oraciones técnicas, y ahora es casi universal en el inglés americano por ajustarse a la pronunciación.

El significado de “copia aproximada de un escrito” (algo “dibujado”) está atestiguado desde el siglo XIV; el de “boceto preliminar del que se hace una copia final” es de la década de 1520; el de “flujo de una corriente de aire” es de c. 1770. El de cerveza es de la década de 1830, en referencia al método de “sacarla” del barril. El sentido de giro bancario es de 1745. El significado de “sacar a un grupo para un servicio especial” es de 1703, en EE.UU. especialmente del servicio militar; el verbo en este sentido se registra por primera vez en 1714. Relacionado: Drafted; drafting.

definición tomada de: https://www.etymonline.com/word/draft

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

***

Están por terminar los cinco años que la rata y yo nos propusimos hacer este ejercicio semanal. Como los mayas, estirábamos las fechas y a veces escribíamos más de una entrada al hilo para subsanar las semanas faltantes. Pero este es el quinto año, y hemos escrito 52 textos en 52 semanas por cuatro de ellos. Me faltan menos de diez para terminar éste, el último año.

¿Será realmente el último?

Por lo menos llegaremos juntas a la meta, y de ahí quizá nos vayamos por un desayuno y mimosas, sigamos haciendo esta y otras cosas juntas, escribiendo un camino que es proceso para siempre.

Hoy (o anoche), muy bloqueada y con ganas de escribir, me puse a leer todo lo que se había quedado en los drafts de Medium. Y esto es lo que encontré —dos puntos—, a manera de ecdótica, texto de servilletas comentado:

Julio 30, 2019 (1)
(desarrollar punto por punto como si fueran subtítulos)
Guion
mejor que esté y exista un gion, aunque luego decidas no seguirlo
No estorba
Lo cansado de la constate improvisación
La improvisación como método
El error como método
Las reglas flexibles de la primaria
Que era más difícil medir con ellas algo plano
Pero podían trazar la circunferencia de tu muñeca y además o sobre todo: se convertían en pulsera

Me da risa que cuando leí lo de guion, pensé en guiones para hacer listas. Pero me refería a hacer guiones para trazar un camino. Un guion cinematográfico. Una escaleta. Un plan de acción.

Y luego las reglas las pensé como normas, un deber ser. Pero me refería literalmente a esas reglas que eran pulseras, una regla que se dobla. Las vendían en algunas papelerías en los noventa. No sé si yo tuve alguna o me la regalaron. Eran de colores fosforescentes. Ni siquiera estoy segura de que hayan servido para medir.

Julio 30, 2019 (2)
basureros
¿de qué tamaño es tu basurero ideal?
basureros en panamá
basurero de orgánica en casa del ticher

Los basureros en Panamá eran diminutos, porque la rata había ido una vez a Japón y así eran los basureros. Luego llegaron esas tiendas como Miniso y Mumuso a México, y ahí la rata trajo los que serían los basureros en Panamá. Si me bajaba y echaba una toalla sanitaria, se llenaba al instante. Eran bonitos, elegantes, decía ella, pero a mí me daba pena llenarlos con tan poco. El otro extremo era la basura orgánica en casa del ticher, un basurero gigante, como para todo el edificio, con basura pudriéndose que en efecto se llenaba de moscas. Cuando nos fuimos a vivir juntos, puse un basurero tamaño Panamá para la basura orgánica al lado del fregadero. Un equilibrio de vida y muerte.

Julio 30, 2019 (3)
La muerte es absurda pero la vida más
Cráneo con braquets
Son simultáneas la evasión de la idea de muerte y la resistencia a morir
Enfrentar las cosas te hace más fuerte que si las niegas
Evasión como negación
Tapar el sol con un dedo

No sé por qué pensé en un cráneo con braquets. ¿Para qué enderezar algo, la dentadura de alguien que ya está muerto?

Agosto 2, 2019
¿qué quieres que vean de ti?
¿tener llamadas diario y mostrar hasta el fondo tu casa o ponerte cerca a una pared? no solo qué traes puesto sino ahora eres una foto y se ve también un rectángulo a tu alrededor

Acababa de entrar a Domestika y era nueva en eso de las videollamadas. Ya sé que todos nos volvimos expertos. Pero aquí y ahora no había pandemia. Aprendí que parte de mi cara era el muro atrás de mí. Que una puerta abierta podía ser como traer abajo la bragueta todo el día sin querer.

Agosto 6, 2019
El sangrons
Me gusta ir a Sanborns

Estaba probablemente pensando en enchiladas suizas y la vez cuando mi amigo Neto acababa de regresar de Londres. O cuando mis abuelas se quedaron de ver en Sanborns de San Jerónimo y una se fue a Loreto y otra a San Jerónimo y comieron solas preguntándose por qué la otra no había llegado. Quizá incluso escribí ese post en 2018.

Agosto 15, 2019
¿El trabajo de Vale?
Sí, me gusta mucho, es como momentos bien atmosféricos e íntimos.
Ella tiene además una cuenta donde ponía fotos tras bambalinas en pasarela, como una cara mas artística de algo que es muy comercial. Como mostrar a los modelos como personas, cuando por fuera son vistos solo como maniquíes.

Un chat donde platicaba con la rata sobre las fotografías de mi prima Valeria.

Mayo 29, 2019
Dormir
Michael como encontrador de oro en la playa cuando se acerca a Stanley y lo estresa cabrón.

Hay un episodio de The Office donde se demuestra que es el jefe quien estresa a todos; Stanley, que acaba de tener un infarto, trae un aparato que bipea los latidos de su corazón. Cada que Michael, el jefe, se acerca a alguien, el bipeo se alborota. No sé de qué quería hablar en este post ni por qué lo relacioné con dormir.

***

A partir de este momento no hay más drafts o borradores. Seguí escribiendo de una, segura de que esa primera impresión iba como venía, y simplemente la publicaba. Desde ahí, el siguiente draft es de 2021. Lo chistoso es que el primer borrador ya traía una clave del tema sobre el que estaría escribiendo todo el siguiente año, seis meses antes de yo misma saberlo. O ya lo sabía. Seis meses antes de volverme consciente de ello.

Junio 12, 2021
El pasado como clave del presente.
Hablar de letras y no escribir porque estoy en un trabajo donde veo ilustración pero no la puedo hacer.
Luego dejo también de escribir.
El arte lo hacen otros.
No son las instituciones, es una misma; pero igual es el lugar donde decides estar.

En noviembre de 2021 me fui a Barcelona a estudiar un master en creación literaria, convencida de que escribiría una crónica sobre mi madre y sus enfermedades del corazón. Pero no lo hice. Terminé escribiendo exactamente de este draft. La sinopsis de Wormhole está condensada en estas líneas. Y en eso que dice Clarice Lispector: ¿de qué escribiría si escribiera?

(Siento que este post se está volviendo como esos episodios odiosos de mis series favoritas, en que se hace un recuento de todo lo vivido hasta ahora. Odioso pero necesario. Supongo que son momentos en que todo está por colapsar o cambiar o terminar. O recomenzar desde un lugar abrupto, inesperado. Ya veremos. Sigamos mientras tanto, con un gran salto hasta 2022. Porque todo lo demás lo escribí y publiqué o compartí de una u otra forma. También es cierto que siendo leída por maestros, el otro tipo de público se me olvidó. Y luego de eso, dejé de escribir por completo cualquier historia que no fuera un proyecto o solicitud de beca, residencia o lista del súper. Más que eso, no escribí casi nada. Y ni ganas que tenía.)

Enero 23, 2022 (1)
(02/52) Paulie en Barcelona

Enero 23, 2022 (2)
(03/52) Línea amarilla

Dejé en el tintero dos ideas sobre lo que estaba viendo y viviendo en ese viaje a España. “Paulie en Barcelona” era sobre las cotorras verdes, un poema de Edgardo Dobry y esa película de los noventa. La historia de que supuestamente Barcelona se llenó de cotorras por unos argentinos que los llevaron y luego se reprodujeron como los sapos en Australia. Quién sabe.

El texto de la línea amarilla era un paralelo a la línea azul en México. La primera línea de todas, la del metro que tiene los asientos diferentes a todas las demás, son los más viejos, que te llevan al corazón de esa ciudad. Me subí contadas veces, mi vida estaba en otras partes.

A continuación, el último borrador antes de que quisiera dejar de escribir. Me pasó algo como editora que me hizo querer mandar al diablo todo lo relacionado con los libros. Hoy que releí esto, sentí que tenía súper clara la historia que escribiría y que me descarrilé a lo tonto. Ya fluía en mi historia. Luego me dio covid y estuve afónica dos semanas. Qué idiota que es tardarme tanto en reponerme de una desilusión. Ya me lo dijo Rubén en 2017, que no todos son mis amigos. Que hay que aprender a distinguir entre la amistad y lo laboral.

Luego todo se me olvida y quiero volver a este momento, dos semanas antes de tener covid y también pienso en Astrid Velasco diciéndome, cuando me disculpé por no entregar a tiempo una ilustración para la revista que dirige: “Eso ya tíralo por la ventana, que quede atrás, nosotras estamos aquí”.

Y aquí fue donde veo que Wormhole ya tenía sangre en sus venas, que iban más allá de mí. No sé cómo montarme de nuevo en ese tren.

El siguiente draft es una tarea del master que consistía en imaginar cómo haríamos el pitch de nuestro proyecto a alguien que no tuviera idea de nosotros ni de sobre qué trataba. Lo cierto es que nadie logró hacerlo al 100% porque sabíamos que quienes físicamente estarían frente a nosotros seríamos precisamente nosotros, los compañeros, a quienes ya nos importábamos todos, y con quien podíamos hacernos los chistosos o actuar como si un editor no nos hiciera cagarnos de miedo. (Y pensar que un dolor a veces nos hace perdernos un gran placer presente, como esa intimidad que nos daba venir todos de cualquier lado y estar al mismo tiempo vulnerables y curiosos, en un no tiempo o no lugar, donde inventar cualquier cosa es posible.) Y lo sigue siendo:

Febrero 7, 2022
Mi pitch pensaba hacerlo tipo infomercial: “¿a quién le afectó volverse una foto de perfil durante la pandemia?, ¿ser solo un busto sin cintura ni pies? ¿Qué harían si alguien les dijera que ahora, con la misma inmediatez, puedes ir a abrazar a alguien lejano, brindar frente a frente, consumar un encuentro con un amante en solo un segundo?

¿Si fueras capaz de entender?

¿Vivir en un lugar donde todos son fantasmas en el sentido de que a nadie le importa quién dijo qué? Todo es de todos. Un mundo bombardeado por mil sonidos a la vez que solo son ruido blanco. En ese mar de silencio, ¿de qué hablarías si alguien te escuchara?

Si el amor de tu vida te dice que no te sigue, ¿qué haces? ¿Te reinventas, haces el duelo, desapareces? ¿Qué otra cosa es un duelo?

Dicen que cuando se te muere alguien, te mueres tú; eso es lo que más duele, lo que de ti se muere. Extrañas su cuerpo, el sonido de su voz cuando dice tu nombre. El frío es total. Te pones su ropa para que se te quite. Eso alivia un poco.

Levante la mano: ¿a quién en el siglo XXI no se le quitaba con nada el frío y no bastaba una zoomfiesta para volverse a reír? Todos nos morimos un poco estos años de pandemia. Nos acostumbramos a tener los micrófonos abiertos o cerrados.

En 2019 entré a trabajar a una empresa global. Trabajaba con gente de Colombia, Chile, Argentina, Perú, Estados Unidos, Francia, Italia, España. Solo veía cara a cara, cuerpo a cuerpo, a los de México. Pero incluso a ellos, como no había un cuarto propio para mí en los estudios de mi ciudad, los veía por videollamada, llamada, mensaje de texto o de voz, mail. No sabía que un año después el mundo se volvería eso para todos. A pesar de ser relaciones laborales, cada vez anhelaba más ver al otro. Imaginaba cómo serían sus zapatos, ¿usarían tenis, irían descalzos, zapatos de vestir, de qué color serían sus calcetines? ¿Mi mejor amigo en España sería de mi estatura o qué tan alto? ¿Mi jefe sería corpulento o delgado, su voz sonaría con el mismo cuerpo rasposo que por el micrófono de la computadora? ¿A qué olería el cabello recién bañado de mis compañeros en la mañana, a qué su aliento, su ropa? ¿Quién usaría y quién no desodorante? ¿Harían ruido con la boca al masticar la comida?

De pronto empezó a pasar lo mismo con el resto del mundo. Mis amigos más cercanos se convirtieron en voces que llegaban a mí en un instante aunque estuvieran del otro lado del mundo. Todos nos volvimos cuerpos atrapados en recuadros. Solo ciertas amistades sobrevirían. ¿Cuáles y de qué dependían? Las que eran más corporales, como aquellas con las mascotas, solo podían darse si uno estaba frente a frente. Aquellas que se tejían por palabras, gestos y planes a futuro, por trabajo o por un amor fraternal, persistieron.

En ese trabajo me dedicaba a traducir los deseos de lo que otro quería comunicar, volverlo realidad, de ahí hacer una especie de guion que fuera documental del proceso creativo de esa persona.

¿Se puede traducir un alma?, ¿se puede conducir a otro a encontrar su materia prima más valiosa? Si veía a la gente iluminarse al encontrarlo, como haciendo click con algo que creían que no existía o que se había olvidado, ¿cómo hacer eso conmigo misma?

Empecé a anotar ideas que me venían a la mente en pedazos de servilelta, en notas que luego no sabía cómo darles sentido. Pero nunca las tiraba. No tiraba nada, lo iba acumulando. Lo metía en un sobre, ponía una fecha aproximada (circa febrero-julio 2020), y lo quitaba de mi vista. ¿Estaría ahí de algún modo mi verdadero deseo de lo que quería decir? Quizá solo la yo del futuro, leyéndolo como si ya fuera otra, podría descifrarlo.

Un duelo es también perder el piso. Una realidad establecida aunque una misma la haya querido cambiar. Irse del país, decidir vivir la pandemia de otro modo. Fugarse.

Cuando me fui de México, sentí que brillaba por fin algo que siempre había querido hacer. Pero no podía evitar sentir que me estaba muriendo. Que no sabía a dónde me iría en el fondo, si querría o no volver, y las consecuencias de mi partida con mi futuro. Una línea que se abre, que sigue. Dos líneas que solo por un momento corren paralelas, en lo que se dividen para siempre. Una sigue y otra se detiene. El destino atorado en medio. Ser las dos y ya no ser ninguna, ser ese vacío que se dibuja cuando ambas coinciden, como un rio de silencio.

Usé todo eso para construir a una protagonista y para desarrollar un dispositivo que permitiera vivir el mismo ímpetu de inmediatez al que nos hemos acostumbrado, pero de cuerpo presente.

El siglo XXI fue del cuerpo psíquico: ese que puede existir donde sea sin tener que estar. El físico es el cuerpo del XXII, y su forma tecnológica son los agujeros de gusano: un medio de transporte que permite atravesar la Tierra en un instante y llegar a donde se quiera estar.

Siendo así: ¿qué es la identidad? ¿Existen las naciones? ¿Cómo se conforman las relaciones con el otro? ¿Todos quieren usarlos o hay quien no se mueve de un mismo lugar, por decisión o por posibilidades económicas?

¿Qué es el rencor sino una especie de marasmo?

Un fantasma.

Ya el agua del jacuzzi se enfrió.

Vámonos de aquí.

Marzo 19, 2022
(10/52) Ametlles marcona fregides i salades
“El Origen” es el nombre de un supermercado que está saliendo del metro Horta; si una viene de Cornellà Centre hacia Vall d’Hebron, se va a la izquierda y sale por la salida de la derecha. Ahí venden sushi fresco, verdura de temporada, vinos de la región. Es un poco más caro que otros. Su segundo nombre es Ametller, que es “almendro” en catalán. Las “atmelles” son las almendras.

Aquí en Barcelona son un poco más gordas que las de México y son idénticas a unas que mi abuela Paz comía en su casa del Otate y que no sé de dónde sacaba y que no sé por qué había olvidado hasta que intenté comprar aquí almendras y vi que eran más gordas, y recordé esas de mi abuela que venían en una latita y quizá tenían en la portada algo parecido a la cara del tipo de las Pringle’s. Y las había con sabores de hierbas o con sal o sin sal. Eran gordas y deliciosas, distintas a las mexicanas con piel y más flaquitas, y más húmedas. Ahí vi que Amtelles y Ametller eran parientes.

Aprendo catalán como Bart cuando se pierde en Francia y sin darse cuenta un día está hablando francés. Aprendo catalán solo para poder comer más cosas o saber qué como.

Amanida: ensalada.

Cebada: cebolla.

Pernil: jamón.

Dejé de escribir y mi actividad favorita se convirtió ir al súper y cocinar. Con Mariana. Con Julián. Con Gris y con Rubén. La cocina era enorme y empecé a bailar con los ojos cerrados en ella. Como mi abuela Paz, iba, si podía, cada día a comprar algo. Para cenar, porque era una urgencia, o para que la comida fuera fresca del día y nunca se pudriera. Con el tiempo mi súper preferido se volvió Bonpreu, donde de tanto comprar, Mariana y yo conseguimos unas copas muy finas a precio regalado, juntando miles de cupones. Ya en casa, casi nadie se atrevía a usar esas copas que sonaban dulces si brindabas, y hacían que todo el vino supiera aun más bueno. Eran frágiles y todos temíamos que esa papa caliente se nos rompiera en las manos. “Para eso son”, decía Mariana. Y también: “que las cosas se rompen”. Pero ni Julián, ni Fede ni yo bebíamos en ellas, a menos que estuviera Mariana presente. Ahí las chocábamos y nos reíamos de lo bonito que sonaba ese fino cristal. Y también de la fragilidad de la vida. Y de lo rico de los quesos. Nos reíamos de todo y los extraño cada día al cenar.

Abril 19, 2022
Para escribir tengo que estar un poco incómoda. En un cuarto muy silencioso no me hallo. En un café con un poco de ruido sí. Me gustaría igual tener un baño. Eso me hace apurarme. O me da pena retener la mesa. Estoy en un Sanwichez.

Para concentrarme y trabajar muchas veces no podía estar en casa. Me ganaban las ganas de estar afuera, en la sala o el jardín, con esa familia de la que de algún modo fui parte durante nueve meses. Entonces me salía si tenía tareas urgentes. Me iba a la biblioteca de Lesseps, la Jaume Fuster. O a distintos locales de Sanwichez, donde podía pedir un café o un té y quedarme cinco horas. Me arrullaba el sonido de la gente al entrar y salir. El silencio de las bibliotecas muchas veces me hacía desconcentrarme. También me parecía importante poder comer mientras escribía. Siempre tengo hambre. Siempre que estoy contenta, me da mucha hambre.

Octubre 4, 2022
(38/52) Postura del cadáver CSI

Cuando volví a México estuve inmóvil varios meses. Yo le llamaba tristeza o depresión al principio; ahora en la distancia digo que era el tiempo de readaptación. El chiste es que un día se me colapsó la cadera y fui con una fisioterapeuta que me dijo que tenía que moverme. No ir a correr ni a nadar, ni hacer bici mil kilómetros a la semana. Sino caminar un poco cada día. Si la cadera se me colapsaba, debía hacer la pose se CSI, echarme al piso y torcerme de brazos y piernas, para un lado y para otro. Si ni así se me quitaba el dolor y entumecimiento, debía bailar. Perrear. Hacer círculos con la cadera. Reencontrar un centro en movimiento. Un eje vertical. Un centro gravitacional que a todas luces había perdido. Cualquier planeta o estrella que no se mueva, se apaga.

2 days ago (1 de diciembre, 2022)
(44/52)

No sé qué iba a escribir el otro día. En cuanto me senté, se me borró. Se quedó sin nada mi mente y aun ahora no lo recuerdo. Pero recuperar registros es también otra manera de escribir. Por lo menos, para salir del atorón. Como esos programas que por algo se detuvieron, hicieron un recuento de todo lo vivido en un programa especial y después, para bien o para peor, siguieron y siguieron.

--

--

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store