(45/52) Pie forzado

Silencio, dice, por fuera. En un lugar donde nadie puede leerlo. Escucharlo. El silencio ni el letrero. Sígueme, dice otro letrero. O no, se responde a sí mismo. Soy un letrero, no un policía. Ése es un chiste robado de Los Simpson.

Una señora se cubre la boca, con fuerza la boca, dentro del camión. Para no hablar. Porque ya le pidieron que se calle y no puede más. Si físicamente no se taclea a sí misma con su propia mano sobre sus palabras, terminará por escupirlas todas.

Silencio, le piden.

¿Silencio? ¿Quién dice?, pregunta ella. Y cuando ya nadie se atreve a responderle, se quita la mano de la boca y al silencio le responde: Tú no me mandas.

Todo lo piensa. En la realidad no dice nada. Sigue sin decir nada. No es como si hubiera alguien que quisiera escucharla.

Ése fue el segundo ejercicio. Sara me dijo que a veces los textos empiezan después de que empezamos a escribirlos. Y que el primer párrafo mejor quitarlo. Tenía razón. (Cuando leí en voz alta, no leí el último párrafo. No sé por qué escribo aquí lo que ya sé que no sirve. Porque los procesos son lo que sirve). Necesitaba quitarme yo misma del camino ese chiste que surgió de golpe con lo del letrero y Los Simpson. Siempre los chistes como mecanismo de defensa hasta que empezamos a hablar en serio.

Una jaula fue en busca de un pájaro.
Estaba vacía.
Se sentía vacía.
Con el viento correr de un lado
a otro. Atravesarla.
No se sentía mal, si lo
pensaba un poco.
Pero prefería no pensarlo.
La jaula buscó cómo volver
a ser como antes.
Como si ser lo de siempre
fuera la respuesta.

El último ejercicio fue hacer cinco relatos de no más de cinco líneas con cinco pies forzados: (uno) mañana soleada, (dos) claridad matinal, (tres) desidia prolongada, (cuatro) mala voluntad, (cinco) primitivo encuentro. Con cada imagen debíamos pensar qué emoción nos evocaba y describir sólo la emoción. Escribí esto:

Mañana soleada
A fuerza de odiar los despertadores, hay que tener siempre cortinas traslúcidas. Despertar con el día, con la luz, y dormir en la oscuridad. O no dormir. Esperar a que la cortina deje pasar el sol. Levantarse de la cama. O no. Siempre sin despertador.

Claridad matinal
Gastar la mitad del tiempo en la mañana que en la noche en escribir un mail, una lista del súper, un itinerario de pendientes. Bañarse de día para divagar antes de despertar por completo. Bañarse de noche es un desperdicio de lucidez adquirida.

Desidia prolongada
Whatsapp, Twitter, Facebook, Instagram. Mail. Whatsapp, Facebook, Messenger, Mensajes. Whatsapp, Mail. Mail. Two Dots. Whatsapp. Twitter. Whatsapp. Facebook. Kitchen Scramble. Whatsapp. ¿Baño? Whatsapp. Facebook. Subir fotos a Instagram. Dejar de ser testigo. Whatsapp. Facebook. Whatsapp. Mail. Mail. Whatsapp.

Mala voluntad
No poder. No saber cuándo. Llevar una agenda para nadie, para nada, para ellos, para mí. No poder. No hacer literalmente nada. Despertar a las seis treinta a eme. Seguir en cama a las diez a eme, a pesar de tener la vejiga a punto de explotar.

Primitivo encuentro
Una garra en la comisura de mi boca. Una uña. Garra. Pata. Mano. Las garras de los gatos son como sus dedos. Sus falanges. Una garra en la comisura de mi boca. No necesito abrir los ojos, sino las sábanas. Las cobijas. El edredón. Abrir capa a capa. Las tres juntas. Abrir los brazos para que ella pase y se caliente. Y con su presencia, yo.

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miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos

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