(45/52) No me recuerdes

Abril Castillo
3 min readDec 5, 2021

No me recuerdes los aniversarios luctuosos, me dijo ayer enojada mi mamá cuando le dije que mi Tita cumplía un año de muerta. Me dijo que le pidió lo mismo a mi papá antier, cuando le dijo: Mañana hace un año se murió mi mamá.

Hoy que me llamo en medio de la comida, le pedí llamarla mas tarde. Pero no quería hablar con ella. Me digo sintiendo un poco con la mente puesta en mi Tita y ya entendí que no debo hablarlo con mi mamá. No se con quien hablarlo. Tal vez no necesito hablarlo. Tal vez esas bóvedas sirven de algo. Como cuando Tomas le prohíbe a mi mamá llamarlo nunca a menos de que sea una urgencia de muerte, o sólo mandarle mensajes de 2 a 3. O pasadas las 7. Me recuerda a cuando le decía yo a Idalia que no habláramos de trabajo los domingos. Somos todos campos minados, lunáticos, neuróticos a morir. ¿Por qué otro se tiene que hacer cargo de tu shet?

Luego de un rato de mensajes donde mi mamá me preguntaba si no tenía síntomas de COVID y negaba que Santiago fuera a ir a la navidad y me pedía calendarios para quien sabe quienes, la llame. Me dijo: Te veo muy triste, ¿estás bien? Y yo quise gritar, pero no contra una almohada, como me sugirió hoy el co-star, sino gritar nomas. Y así lo hice. Le dije que era esquizofrénico lo que me estaba preguntando. Responder que sí estoy triste pero no poder nombrarlo. Luego ella dice que por qué no respeto que no quiera enterarse de los aniversarios luctuosos. Y yo responderle que no todo tiene que ver con ella. A mi papá se le murió su madre hace un año. A mi se me murió mi abuela.

Sí, estoy triste pero no puedo hablar de eso contigo. Llegó Tomás a su casa por algo y, como tiene meses que no me habla mi hermano y honestamente no se por que, le colgué el teléfono y me quede aquí mirando al techo. Te llamo luego.

***

Hay días que no tengo paciencia para fingir que el sol no existe.

Hoy hizo mucho viento.

Barrimos las hojas de la entrada y de los pasillos alrededor de la casa. En algunos aspectos esta casa me recuerda a la Fundacion de mi Tito. Como esos pasillos. Con guantes iba recogiendo las hojas. Esto es el otoño.

Luego Julián y Mariana se fueron a sus cuartos un rato. Yo saqué mi ropa de la lavadora y la colgué. El viento esta muy frío pero igual ayuda a secar. Fui por mi laptop y me senté afuera en el viento, leyendo una novela que llevo un par de años editando, de una amiga que habla del bosque. Estoy en un bosque. En la memoria de una mamá que dice mentiras y papá que guarda silencio. Igual que ahí. Me pesa mas el frío y veo a Mariana y Julián, madre e hijo, llegar a la cocina. Así que entro. Las siguientes dos horas las pasamos haciendo tortillas de harina a mano, carne molida con pimiento y laurel. Setas con mantequilla y cebolla. Una ensalada. Yogurt con pepino y menta. Tomamos vino, calculamos cumpleaños. Comemos las siguientes dos horas.

Aprendí a amasar y las últimas tortillas estaban cerca de ser tortillinas tía Rosa. Julián hizo la masa desde temprano y la dejó reposando para que creciera. Mariana encontró el sartén perfecto y la dosis exacta de mantequilla. Yo el grosor y el molde para que quedaran redondas y no como Frankensteins. Julián quería hacer una receta de Arif Erdogan, quedó una adaptación bastante buena.

De postre, Julián preparó plátanos fritos con frambuesas frescas y yogurt y menta.

Planearon por un chat una navidad donde me invitaron a participar en un intercambio.

Satisfechos, cada uno se fue a su cuarto. Ya son las ocho de la noche. Es domingo pero mañana es feriado acá en España. A lo lejos se escucha una fiesta en una casa vecina, lo suficientemente lejos para no sentirse solo pero con espacio propio.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos