(51/52) Las interrupciones

Abril Castillo
4 min readDec 31, 2019

Nunca he sido buena para escribir acompañada. O los textos que de ahí salen son muy diferentes de lo que logro escribir estando sola. No es que unos sean mejores que otros. Pero disfruto mucho más escribir en soledad.

Anoche veía la película de The Big Sick, una comedia romántica donde, a la mitad de la relación y al poco tiempo de haber terminado, Emily, la chica entra en coma. Kumail, pakistaní llegado a Estados Unidos y comediante de stand up en ciernes, nunca le había dicho a sus padres que andaba con una estadounidense, a pesar de que llevaban casi medio año saliendo. Y cuando ella se entera de que su relación es un secreto, se pone muy triste, se enoja y sale del departamento y de la relación. Emily está estudiando psicología, y él le dice que cómo es posible que siendo terapeuta maneje las cosas tan desaforadamente. Gracias a que soy terapeuta, estoy mostrando mis emociones, le responde Emily y azota la puerta. No sé si azota la puerta, pero sí que se va de ahí. Y al poco tiempo, entra en coma.

Pero de la parte que ahorita me acordé es más bien una en que la pareja ya se quiere, se tiene confianza, duermen juntos muy seguido, y una noche a mitad de la madrugada, ella se levanta y va al baño. Regresa al cuarto, donde él duerme. Se empieza a vestir y lo despierta con el ruido de la ropa poniéndose y de su ausencia en la cama. ¿A dónde vas?, le dice Kumail. Y ella le pregunta que si la cafetería de abajo de su casa estará abierta. Él le dice que cree que sí, que cree que es 24 horas, pero que por qué quiere un pay de limón a las 3 de la mañana. Ella le dice que necesita tomar café. Él le dice que le prepara café ahí, que no se vaya. Ella le dice que prefiere el café aguado de cafetería. Él se ofrece a acompañarla, porque es un barrio peligroso donde él vive. Y ella le dice que por favor la deje ir sola. Él le dice que ya en serio, que qué le pasa, si todo bien. Y ella se suelta llorando y le confiesa que tiene muchísimas ganas de cagar, pero que como el baño de casa de Kumail no tiene ventanas y da justo a la sala, donde está el roomate durmiendo, pues no se atreve a ir. Lo increpa: ¿Por qué no tienes ni siquiera velas de olor? Y ya, cuando dice eso, deja de llorar y los dos se ríen. Y se ve que él se sale del departamento y se va hasta abajo a la calle; la espera en las escaleras de entrada al edificio, envuelto en una cobija, y cuando ella termina, sale a buscarlo y le dice que ya puede volver a entrar. Que gracias.

Así a veces me siento yo con la escritura. No es mala onda. Sólo me cuesta un huevo poder escribir con gente alrededor. Tal vez porque lloro y me río mucho, mientras lo hago.

En Navidad justo mi tita me dijo que consideraba que ya no debería ir a terapia. Que pensaba que era un error haber sido ella la que primero me ofreció ir a terapia hace más de una década, que se arrepentía mucho, porque ahora era completamente dependiente de mi psicóloga. Yo traté de explicarle que no era dependencia, sino que me dedico a trabajar mis emociones, y que necesito, como si fuera coche de carreras, ir a servicio constantemente para no desvielarme. Que para mí escribir implica trabajar con mis emociones, y que lo considero algo parecido a un atleta de alto rendimiento que está constantemente yendo con un doctor del deporte.

— Al escribir, nunca sé cuándo tendré un nuevo trauma, no porque ocurra y tenga que curarlo, sino porque yo misma estoy yendo a su encuentro: a tocar esas fibras que me hacen reír o llorar, recolocarme en esos lugares.

No sabía que tú llorabas cuando escribías — me dijo mi tita.

Y le dije que si alguna vez algo que ella haya leído mío la hizo llorar, probablemente yo haya llorado decenas de veces más mientras lo escribía.

Ella trabaja con la autobiografía — le explicó Santiago — . Por eso le hace bien ir a terapia: su vida es su materia prima.

Y yo lo miré y sin palabras le dije que gracias.

No enfrente de todos podemos ir al baño. Menos aun, reír y llorar.

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Abril Castillo

miope e hipermétrope al mismo tiempo pero en ojos distintos